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Pequeños en tamaño,grandes en tradición

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Detrás de los diminutos bolillos, conchas y mantecadas que caben en la palma de la mano, hay historias de esfuerzo, relevo generacional y un oficio artesanal que se resiste a desaparecer. A vísperas del festejo a San Nicolás Tolentino, las panaderías icónicas del Barrio Arriba encienden sus hornos.
El jueves 10 de septiembre se llevará a cabo una de las festividades más emblemáticas y encantadoras de León. Aquella en la que el Barrio Arriba se llena de color, de vida, de intensa actividad y claro: de miles de panes de pequeño tamaño. Se trata del festejo a San Nicolás Tolentino, popularmente conocida como “La fiesta de los panecitos”.
Durante todo un día, en el Barrio Arriba, las calles se cierran y se montan diversos puestos, donde los panaderos ofrecen panes pequeñísimos, que caben en la mano de un bebé. Hay bolillo, concha, mantecada, garbialdi, magdalena, campechanas, pastelitos. Todos a precios módicos, y todos horneados con un único fin: complacer la memoria de San Nicolás Tolentino.
Sobre la fecha, Gerardo Lara, creador de la publicación ‘Leyendas de León’ evoca que La devoción a San Nicolás de Tolentino llega a León alrededor del año 1801, cuando por el mes de enero se comenzó a construir una Capilla para su veneración en el Barrio del Santo Cristo, hoy mejor conocido como Barrio Arriba.
Durante 95 años la celebración de bendecir el pan chiquito, pasaba casi desapercibida, pero en 1896 en vísperas del centenario de la fundación del templo, empieza a tomar mucho auge.
A la fecha, esta es una de las tradiciones más arraigadas. La tradición católica cuenta que San Nicolás estaba gravemente enfermo, y en un sueño, la Virgen María le recomendó mojar un pan para comerlo y sanar.

TESTIMONIOS
Una de las panaderías más famosas del 10 de septiembre es la Muñoz, que tiene más de 90 años celebrando esta fecha. Quien está al frente es María Cruz Muñoz, cuyos abuelos y padres se dedicaron a hacerla crecer. Al respecto, cuenta:
“Nosotros nos empezamos a preparar desde el lunes, porque aquí es puro pan nuevo. Hay gente que dura mucho tiempo haciendo su pan y aquí el prestigio de nosotros es que es puro pan nuevo. El día de los panecitos se nos acaba todo, nos va muy bien. Vamos a cumplir un siglo de estar en esta fiesta”.
Solo ha habido año que se canceló, y fue durante la pandemia del coronavirus. Fuera de eso, la tradición no ha cesado.
Arturo González, quien se encarga de hornear los panes, relata que de sus 54 años tiene 25 años dedicado a la panadería, y uno de los mejores días es, sin duda, el de San Nicolás Tolentino.
“Yo era pintor de casas, nomás que pues me accidenté y pues un compañero me invitó a la panadería y pues de ahí pal real. Todo es una artesanía en las manos”.

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