Una tercera parte de nuestro último sueldo. De ese tamaño será la pensión a la que aspiraremos aquellos que dependemos exclusivamente de nuestras cuentas individuales para el retiro. Pretender vivir con tres pesos, cuando antes vivíamos con diez, es simplemente inconcebible. Propuestas para mejorar esta cifra han sobrado; y las expectativas de los trabajadores actualmente están mucho más apegadas a la realidad que en el pasado. Sin embargo, poco hacemos para construir un mejor futuro financiero. Si bien la respuesta puede estar en una mayor retención de nuestro sueldo, es importante tener en cuenta la forma en cómo tomamos decisiones, especialmente cuando de dinero se trata.
En cuestión de expectativas, ahora los mexicanos somos mucho más realistas. En 2013, 4 de cada 10 encuestados pensaba que su pensión sería igual a su último sueldo; y 4 más esperaban que incluso fuera mayor. En 2017, 30 por ciento opinaba que su pensión sería de una tercera parte de su último salario registrado; y ninguno esperaba que fuera mayor que su último sueldo. La realidad es que, según las estimaciones oficiales, los trabajadores mexicanos, dependiendo exclusivamente de lo guardado en las Afores, percibiremos una pensión de entre el 30 y el 40 por ciento de nuestro último ingreso.
El Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas, enfatizó recientemente que se requiere urgentemente una reforma al sistema de pensiones en México. Para comenzar, el presidente del IMEF afirmó que muy pocos trabajadores alcanzarían la cotización mínima para aspirar a una pensión. De acuerdo con sus estimaciones, menos del 30 por ciento de los afiliados al IMSS tendrían la posibilidad de aspirar a una pensión. De aquellos que sí podrían pensionarse, el monto que recibirían sería insuficiente para hacer frente a sus necesidades. Por lo anterior sugirió incrementar la edad de retiro a 68 años y aumentar las contribuciones obligatorias del 6.5 al 13.5 por ciento.
Es cierto que esto puede servir, pero estas medidas deben ir acompañadas de acciones encaminadas a modificar nuestra conducta. Para ello debemos recurrir a las ciencias del comportamiento, que pueden explicar el porqué los individuos nos resistimos a ahorrar, aún cuando sabemos que es en nuestro propio beneficio. Aquí le doy una explicación rápida y sencilla. Por un lado, a nuestro cerebro le cuesta ver y actuar en el largo plazo. Parte de esto, radica en lo que se conoce como el principio de gratificación inmediata. Preferimos sentirnos bien ahora. Esto nos lleva a percibir el ahorro como una pérdida, porque implica sacrificar consumo actual.
La Consar publicó un estudio, sobre el uso de las ciencias del comportamiento para incrementar el ahorro para el retiro. Dentro de sus recomendaciones, hay algunas acciones interesantes que pueden llevarse a cabo con relativa facilidad. Por ejemplo, para que nuestro cerebro pueda pensar en el largo plazo, se pueden realizar ejercicios de visualización, imaginando un día común después de habernos retirado. Esta imagen puede servir de incentivo para poder establecer una meta clara y comenzar a trabajar en torno a ella en el presente. Y como esta, hay otras tantas acciones que pueden modificar nuestro comportamiento, para facilitar el ahorro para el retiro.
Lo importante es combinar las iniciativas que pueden forzar un mayor ahorro, como las propuestas realizadas por los miembros del IMEF, con acciones basadas en las ciencias del comportamiento para que, de manera inconsciente, dejemos de percibir el ahorro como algo doloroso e intangible. La preocupación es de todos y el diagnóstico es claro. De continuar esta tendencia, el futuro que nos espera se ve poco prometedor. Nuestro futuro financiero es nuestra responsabilidad. Hagamos algo hoy para no sufrir en el futuro.
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