La noticia alegró a todos los mexicanos: pese a una terrible goliza de Suecia, México jugará en octavos de final gracias a Corea del Sur. El resultado previo fue vivido por los leoneses con decepción, miedo, alegría y suspenso, entre una constante lluvia y desde las 9:00 de la mañana.
Las calles de la Zona Centro estuvieron prácticamente desiertas durante el partido. Una que otra persona que acudía a su trabajo, uno que otro estudiante, y trabajadores de limpia dándole una “manita de gato” a la estatua de Cri Cri, el grillito cantor. Los cafés, fondas y restaurantes, tenían más foro que las escuelas y oficinas.
El silencio en las calles era roto, únicamente, por la voz de los conductores que narraban en tiempo y forma el partido. En los restaurantes de pizzerías los jóvenes de escuelas como ECCA aguardaban el triunfo o fracaso de México. Uno de ellos fue Héctor Gabriel Chávez, acompañado de sus compañeros:
“Llegamos desde que empezó el partido”, dijo. “Sabemos que está muy reñido”. En una mesa estaban los chicos, y en la otra, sus compañeras. Todos sin separar la mirada de la pantalla.
SOMBRILLAS
Las tiendas de electrónicos que transmitían el México-Suecia tenían muchos clientes potenciales, que vestían con impermeable o usaban sombrillas. Así sucedió, entre otras, con la tienda Aguirre. Los vendedores de sombrillas y paraguas sacaban provecho al momento y las vendían a 50 pesos.
Todos gozaban del partido, incluso los políticos, como Clemente Villalpando, del PRI, y Sergio Contreras, del PVEM. El primero en el Arco de la Calzada, y el segundo en sus oficinas, ubicadas en la calle Juárez. De la misma forma, empresarios, obreros, niños y adultos: la pasión, la afición futbolera no distingue edad, afiliación política ni nivel socioeconómico.
A las 10:08 la alegría se disipó, pues a México le anotaron su primer gol. La triste situación se repitió otras dos veces. Cuando todo parecía perdido, Corea del Sur permitió que el equipo tricolor continuara adelante en Rusia 2018.
