DE MODA Y DE MODO
En esta época de la “Posverdad” que, como destaca Arturo Torres (https://psicologiaymente.com/social), se trata de “…crear un contexto en el que la verdad y la contrastación y presentación de pruebas se valore tan poco que puedan subsistir todo tipo de mentiras e ideas sin pies ni cabeza. (…) Esta tendencia a renunciar a la honestidad intelectual por el propio bien (…) en los ‘hechos alternativos’…”, se ha puesto de moda y de modo, hablar de “inclusión” como sinónimo de la mexicanísima expresión que señala que “Todo cabe en jarrito sabiéndolo acomodar”
Es decir, bajo esta premisa, cabe cualquier cosa donde se quiera, y quien no lo acepte es catalogado inmediatamente, como no apoyador de “la inclusión”. Sólo que, en una multiplicidad de temas, cuando alguien manifiesta su disenso sobre un tópico de moda que deambula en el amplio espectro de “la posverdad”…entonces no tiene derecho a opinar y su opinión, análisis, reflexión o conclusiones, pueden irse por la alcantarilla.
CÓMO ENTENDER LA PUESTA EN PRÁCTICA
- Inclusión es darnos la oportunidad de encontrar nuestro yo, en el otro yo, con un profundo sentido de solidaridad auténtica, de ocupación y preocupación por el destino temporal y trascendente del otro, recordando –como solía decir el poeta Alberto Cortés- que “para los demás, nosotros somos de los demás”.
- Es poder ofrecer lo mejor de uno mismo en un modelo de gratuidad que no espera nada a cambio, porque no tiene intereses de “esos”, que corrompen el óxido y el moho.
- Es poner las cosas en común porque juntos siempre seremos más fuertes que uno solo. Es la parábola del popotillo que da forma a la fuerza de un todo para volverse inquebrantable.
- Para quienes tenemos el privilegio de la Fe, inclusión es aprender a reconocer la presencia de Dios en las demás personas; en particular, en aquellas que no forman parte de nuestro entorno inmediato. Y en un acto de verdadera magnanimidad –de tener un “alma grande”- ser capaces de ver a Dios en aquellos que nos desean mal; que nos lastiman, que quisieran vernos humillados, derrotados e insignificantes.
- Inclusión es no caer en la trampa de la catalogación de “amigo-enemigo”…de “nosotros-ellos”…de aquellos que están fuera y quienes permanecemos dentro… como dice SS Francisco, para estar dispuestos a abrir el corazón y arrimar el alma con audacia y atreverse a soñar en grande haciendo cosas llenas de grandeza a favor de quienes más nos necesitan.
- Inclusión es reconocer en tiempo, forma y pertinencia los aciertos, bondades, virtudes y logros de otros, siendo capaces de ser felices con el bien ser y el bien estar generados por el éxito de los demás; sin presionar u opacar sus alcances. Por el contrario, celebrando con ellos.
- Inclusión es también saber perdonar y pedir bendiciones para cada persona y cada familia de aquellos que nos lastiman y menosprecian; entendiendo que el perdón sana. Comprendiendo que quien no perdona, continúa siendo la víctima.
- Inclusión es identificar el enorme desafío que trae consigo el don maravilloso de nuestra libertad, para instrumentar actitudes de excelencia y relaciones que trasciendan el estricto plano de la interacción humana.
- Inclusión, en fin, es asombrarnos delante de la autenticidad del bien, de lo bello y hermoso, y de lo verdadero que encierra los comportamientos éticos derivados de esta visión.
- La verdadera inclusión, impulsa el abandono de conductas y prácticas de prejuzgar y hacer juicios de valor sobre las personas. Es formular, de inicio, un examen personal para no escandalizar a los demás, y potenciar la audacia y la grandeza de miras de un corazón que sabe poner el coraje y el talento necesarios para alcanzar eternidades.
