
La pandemia del Covid-19 sigue afectando la vida cotidiana y las tradiciones de los habitantes de esta ciudad y ahora, por decisión de autoridades de salud y locales, el festejo en honor a San Ignacio de Loyola programado para el 31 de julio ha sido pospuesto de manera indefinida.
La ceremonia se remonta al año de 1616, cuando el padre Diego Gómez notó el afecto y devoción de los habitantes de la colonia por San Ignacio de Loyola, y decidió impulsarlo como patrono y protector de la ciudad.
La celebración está a punto de ser interrumpida por la pandemia del Covid-19, que por primera vez dejaría sin fiesta de la Cueva a los guanajuatenses.
“Vamos a suspender la verbena del día de la Cueva este año. Sabemos la importancia de nuestras tradiciones, pero este año debemos esperar un poco para proteger la salud de los guanajuatenses” dijo al respecto el alcalde Alejandro Navarro.
La suspensión del festejo, considerado el más importante de la ciudad a lo largo de su historia, se debe a que el virus que produce el Covid-19 encuentra su mayor potencial de contagio y dispersión en las aglomeraciones de personas.
La pandemia ya ha provocado la suspensión de otras festividades de larga tradición, como es el caso de las Fiestas de San Juan y Presa de la Olla, donde se lleva a cabo la apertura de sus compuertas, además del Día de las Flores y todos los festejos relacionados con la Semana Santa.
Para las festividades de San Ignacio, los fieles suben hasta lo alto de la cueva nombrada en honor al santo, ubicada en el cerro de la Bufa, para rendirle culto y recordarlo como el santo patrono de la ciudad.
Unos lo hacen desde la noche previa y acampan en lo alto de los Picachos o bien en los cerros cercanos, otros llegan a temprana hora y muchos más a lo largo del día para disfrutar de la verbena popular que se desarrolla en los alrededores, con miles de personas procedentes de esta ciudad y otras del Estado y el país.
Además de la tradicional celebración religiosa, se llevan a cabo diversos eventos, como la carrera atlética, las competencias de ciclismo y demás eventos para el disfrute de los miles de niños, mujeres, adultos y adultos mayores que hacen acto de presencia en la fiesta.
A lo largo del camino que en su parte baja conduce a la Cueva de San Ignacio, también se instalan cientos de puestos que ofrecen comida, antojitos mexicanos, diversas bebidas, sombreros y demás objetos que sirven para pasar bien el día.
La tradición que por siglos ha pasado de generación en generación marca que primero hay que emprender la caminata por terrenos escarpados hasta llegar a la cima del cerro de los Picachos, donde la vista de la ciudad reconforta el esfuerzo de la gente.
Luego hay que bajar hasta donde se encuentra “la Cueva de San Ignacio de Loyola” y agradecer por los favores recibidos a lo largo del año, debido a que no hay un templo o iglesia que tenga su figura para rendirle culto.



