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PANDEMIA LOS DEJA INDEFENSOS

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La situación de la pandemia del coronavirus ha afectado a toda la humanidad, pero algunas personas las ha dañado hasta el grado de perderlo todo y quedar en la mendicidad. Antes de la llegada de la enfermedad, que está a punto de cumplir un año, trabajaban como guardias de seguridad o empleados de fábrica. Hoy en día, deben de dedicarse a buscar plástico y cartón entre la basura.

La situación no es sencilla: de acuerdo con la organización internacional contra la pobreza Oxfam, se anunció que, debido a la pandemia, se disparara considerablemente la brecha entre ricos y pobres. Incluso, los menos favorecidos tardarán una década en recuperarse.

En el polígono de Las Joyas, en León, hay dos de muchos casos.

Arturo Guadalupe Amaro vive en Las Joyas. Desde hacía nueve años, se ganaba la vida como guardia de seguridad hasta febrero de 2020. Ganaba lo suficiente para apoyar a su familia hasta que fue liquidado. Comenzó a buscar trabajo y por más que lo intentó, no encontró, de modo que tuvo que dedicarse a “la pepena”. Mientras busca botellas de plástico en unos contenedores, ubicados por bulevar Cañada de las Flores, cuenta su historia:

Al principio me daba pena dedicarme a esto, pero la pena es algo que terminas quitándote cuando tienes que mantener a tu familia. No es nada fácil dedicarse a esto, nos ensuciamos a cada rato, y nunca falta la sorpresita de encontrar entre la basura un vidrio roto. Apenas sacamos lo suficiente para comer, y no nos alcanza para el jabón o el gel… pero eso no es lo peor, sino que los vecinos de donde están los contenedores ni la policía nos acepta. Además, hay que levantarse muy temprano y estar al pendiente todo el día a ver si sale algo bueno”.

Guadalupe, vestido con una playera café y una gorra de la Feria de León 2016, sigue buscando entre los contenedores.

FAMILIA EN CRISIS

Rosy y Martha Almaguer son hermanas. Trabajaban en una fábrica de plásticos hasta que la pandemia arrasó con la economía y fueron despedidas. Al igual que Guadalupe, encontraron el oficio de pepenador como el único viable. Hay días en que, a lo sumo, ganan 70 pesos para comer. Rosy relata:

Nos alcanza para lo básico, nomás. Hacemos lo que podemos y nuestros hijos nos ayudan, mientras que mi esposo sale a buscar trabajo, que hasta el momento no ha encontrado. A cada rato hay recortes de personal aquí y allá”.

Las señoras Almaguer siguen buscando entre la basura, viviendo una pandemia que a todos ha afectado.

 

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