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ÓLEO SOBRE ROBO Y CÉSPED

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El Mundial sigue en su recta final, y esta semana, en su columna de crímenes famosos de confianza, recordaremos una historia que parece sacada de una película de atracos protagonizada por George Clooney mientras suena ‘A little less conversation’ de Elvis Presley: un futbolista profesional de primera división, que en sus ratos libres era ladrón profesional de arte, que incluso logró sustraer uno de los cuadros más famosos e importantes en la historia de la humanidad.
Su nombre fue Pal Enger. La obra en cuestión, ‘El Grito’ de Edvard Munch. El caso, se narra a continuación.
Nacido el 26 de marzo de 1967, Enger creció para convertirse en una de las promesas más impactantes de Noruega. A los 19 años en el Club Valerenga. Como muchos de su país (ejemplo que hoy en día vemos este 2026 con Erling Haaland) era fuerte, con porte y se movía en la cancha de forma implacable. Tenía un talento deslumbrante y un carácter que imponía desde el árbitro hasta al aficionado sentado en la grada más lejana.
Pero tenía una doble vida.
Desde los 16 años había formado parte de pandillas criminales, lo que le ganó una condena en la cárcel. Luego, tuvo otra a los 19 años. Esto se agravaba más, pues Noruega es uno de los lugares con los índices delictivos más bajos del mundo.
Contrariamente a lo que los esnobs y fantoches podrían creer, Enger no era ningún ignorante. Le gustaba pintar en sus ratos libres y tenía un profundo conocimiento en arte, y admiraba a Edvard Munch… al grado que no tenía ningún inconveniente en hurtar su trabajo.

VAMPIROS Y GRITOS
Munch es sin duda, uno de los pintores más famosos de Noruega y el mundo entero. Su estilo inconfundible para plasmar la angustia y ansiedad humanas lo han vuelto a él y a su obra tanto un gusto de la élite como un ícono pop por igual.
Una de sus obras más impactantes, pero menos conocidas fue ‘Amor y dolor’ que muestra a una mujer mordiendo el cuello de un hombre y es popularmente conocida como ‘Vampiro’.
En 1988, Enger puso una escalera en el Museo Munch de Oslo y robó el cuadro con total descaro. Sin embargo, presumió su hazaña en un café frecuentado por criminales y soplones de su ciudad, y casi al instante fue descubierto, aunado a que dejó huellas dactilares en la galería.
Por ello, para robar la obra maestra de Munch, planeó su segundo crimen con mayor detalle.
Corría el 12 de febrero de 1994. Todo Oslo se preparaba para la magna inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno. Entretanto, Enger iba a dar su golpe maestro, su ‘Gran Estafa’.
Junto con un cómplice, el futbolista y atracador dejó una camioneta estacionada frente a la Galería Nacional. Dejando el motor encendido, colocaron una escalera, ascendieron hasta la ventana, la rompieron, e ingresaron. ‘El Grito’ estaba al lado de la ventana, de modo que Enger solamente tuvo que bajar la obra por la escalera como si de cinta transportadora se tratara. En menos de 50 segundos una de las más grandes pinturas había desaparecido.
Como si se tratara de un arrogante villano de historieta como El Acertijo, Enger dejó una nota: “Gracias por la pésima seguridad”. Meses después, publicó en los periódicos el nacimiento de su hijo que describió, “llegó con un grito”.
El cuadro, ciertamente, era imposible de vender, pues todo mundo lo conoce, aunque lo que el ladrón y futbolista quería era demostrar que es más listo, tener la pintura en sus manos y el subidón de adrenalina. Esto es muy común en el perfil criminológico de esta clase de ladrones.
Tras una investigación en conjunto con Scotland Yard, fue descubierto debido a sus antecedentes y a que el modus operandi se repitió dos veces. Enger guardaba el lienzo original bajo una mesa de billar.
Enger murió en 2024. Su hazaña hizo más famosa una obra que aparece en stickers, emojis, memes, posters, tazas, cómics, películas de terror, juguetes, imanes para el refrigerador y playeras.

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