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UN VIAJE AL PASADO EN EL COECILLO

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El barrio del Coecillo es uno de los más antiguos de León. Recorrer sus calles es realizar un viaje al pasado, donde persisten oficios que hoy en día, en tiempos de la pandemia y el mundo hiperconectado, son cada vez menos usuales.

Uno de ellos es el “zacatero” que es aquel que se dedica a la venta de zacates, ya sea para el aseo personal o el lavado de trastes. Otro es el acordeonista. Ambos son dos hombres de la tercera edad, que se enfrentan al mundo en pleno repunte de coronavirus.

Acordeonista desde hace años es Ddon Lupe Rodríguez, cuyo oficio cada vez es menos común. Hoy en día, el trabajo es cada vez menos común. Así cuenta su historia:

 “Yo solo ando trabajando como puedo. Cobro lo que me quieran dar, es pura coperacha. Toco puros boleros, pero canciones de narco es algo que nunca toco. ¡Si de por sí así estamos como estamos! Lo que nos queda ahorita, en estos tiempos, es luchar por la vida. Yo aprendí a tocar el acordeón, que me lo vendió un compañero en un bazar”.

Antes de la pandemia, los músicos que recorrían los panteones vivían un día de bonanza, pero actualmente ha sido imposible, cuestión que les ha afectado económicamente de manera considerable.

José Ramírez se ha dedicado gran parte de su vida a hacer zacate y estropajo. Actualmente tiene 70 años. Se lo traen de estados como San Luis Potosí o Zacatecas. Compra la paca de maguey a 500 pesos, y los vende, posteriormente, a kilo o a 4 pesos la pieza. Se levanta desde temprano y comienza a darle forma circular a los estropajos, que después venderá.

“Muy rara vez he salido de la ciudad, soy completamente de León. Vivo aquí desde que El Coecillo estaba lleno de siembras. Hoy en día este oficio se está perdiendo, pero uno siempre debe dejar un recuerdo y un ejemplo para los hijos”, dice José. “Mi trabajo, por lo general, siempre ha sido el estropajo”.

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