
Ocho buscadoras de Guanajuato se convirtieron en las primeras en el estado en obtener una certificación en búsqueda de personas no localizadas, luego de concluir un proceso de capacitación impartido por el Instituto Estatal de Capacitación (IECA).
Entre ellas se encuentra María Concepción Sierra, representante del colectivo Luz y Justicia, quien obtuvo la calificación más alta entre las ocho participantes. Además, otras cuatro integrantes de su colectivo también lograron la certificación, junto con buscadoras de los colectivos Fundación Girasoles Encontrados y Proyecto de Búsqueda.
“Me sentí orgullosa y más porque me felicitaron porque fui la que saqué mayor calificación de todas, de las ocho buscadoras de Guanajuato”, compartió Sierra.
Explicó que la capacitación fue impartida por personal especializado en Derechos Humanos y tuvo una duración de nueve sesiones de aproximadamente cinco horas cada una, en las instalaciones del IECA en Celaya, fue en el mes de septiembre que concluyó la capacitación con examen de acuerdo con la información proporcionada el certificado les será entregado en diciembre.
El curso, cuyo costo oscila entre los cinco mil y ocho mil pesos, fue gratuito para las buscadoras, ya que el Gobierno del Estado, a través de la Secretaría del Nuevo Comienzo, absorbió el costo de la capacitación.
Sierra recordó que el proceso surgió luego de una mesa de trabajo realizada cuando Libia Dennise García Muñoz Ledo se desempeñaba como secretaria de Gobierno, encuentro en el que se invitó a los colectivos de búsqueda a capacitarse.
Fue a principios de 2026 cuando las buscadoras recibieron información sobre la convocatoria y comenzaron el proceso de registro.
Durante la capacitación, se abordaron desde temas administrativos y procedimientos relacionados con la búsqueda en campo, además de aprender a integrar fichas de búsqueda, realizar entrevistas y gestionar colaboraciones con distintas instituciones.
Como parte de las evaluaciones prácticas, Sierra tuvo que desarrollar un caso de búsqueda de una persona menor de edad.
“Por ejemplo, yo busqué un menor de edad y tuve que hacer la ficha de Alerta Amber, agarrar un caso que ya haya sido resuelto, pero que haya sido encontrado con vida. Tenía que presentar la primera ficha de búsqueda y la segunda ficha de localizado”, explicó.
También tuvo que integrar una carpeta de investigación, solicitar colaboraciones a distintas instituciones y realizar registros en las plataformas correspondientes.
El proceso incluyó ejercicios de entrevista en los que los evaluadores asumían el papel de familiares de una persona desaparecida, mientras las buscadoras debían realizar la entrevista de manera formal.
Además de las evaluaciones prácticas, las participantes tuvieron que cumplir con tareas y trabajos durante el curso.
