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Obra salvadora de inundaciones

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La presa del Palote tiene una capacidad de 10 millones de metros cúbicos de agua, pero, derivado de las recientes lluvias, su nivel alcanzó los 10 millones 929 mil 210 metros cúbicos de agua.

Desde hace una semana, sus demasías son desfogadas por el Río de los Gómez.

El organismo operador del agua registra una precipitación pluvial acumulada de 495 milímetros de intensidad, que significa que en un mes –junio- ha llovido una tercera parte del promedio anual.

El pronóstico meteorológico dice que continuarán las lluvias durante el mes de julio, por eso se mantienen abiertas las compuertas de la presa para vaciar el líquido sobrante.

Desde el vertedero las aguas recorren el Río de los Gómez en diversos tramos como los Cárcamos, sigue por la zona del Campestre, cruza San Antonio y continúa por el Coecillo hacia el sur del municipio.

En su trayecto recibe la carga de tres importantes afluentes: El Muerto, Las Liebres y Mariches, que, al unirse, aumentan su turbulento caudal.

Para los leoneses, el correr del agua  se ha convertido en un espectáculo de “rápidos” que cruzan la mancha urbana con destino a la cuenca del Río Turbio.

“Sí, es un espectáculo ver correr el agua por el cauce de cemento, hace un año hasta un joven se lanzó en kallak”, recordó Tomás, vecino del barrio del Coecillo.

HISTORIA

La información que obra en el Archivo Histórico Municipal remembra que, hace 128 años se colocaron los primeros “bordos” que dieron curso al cauce del Río de los Gómez.

Fue en junio de 1888 cuando la ciudad quedó devastada por una inundación que arrasó con 2 mil casas, hubo 1400 desaparecidos y se localizaron 240 cadáveres.

A raíz de esta tragedia generada por el desborde del endeble cauce del río, el gobierno municipal determinó construir los malecones.

Adicional, el antiguo puente del Coecillo fue dinamitado por el célebre arquitecto inglés, Luis Long, para edificar una estructura nueva que se denominaría “Barón y Morales”.

El propio Long trazó los planos para fortalecer los bordos a la altura del mercado República, a principios del siglo XX.

Pero la ciudad no estaba protegida contra inundaciones como se demostró en el año de 1926, también un mes de junio, cuando se desbordaron los ríos El Muerto, Mariches, Las Liebres y el propio cauce de Los Gómez.

Los bordos deberían de ser rehabilitados y reforzados. Así se hizo con obras iniciadas por el Gobierno Municipal para “rellenar” con tierra y escombros los malecones.

Así, al paso de las décadas del siglo XX, los leoneses aprendieron a convivir con “los bordos” que al paso de los años alcanzaron otra vocación: la de vialidad.

En los años cincuenta, parte del borde poniente ya se utilizaba como paso de vehículos de motor en ambos sentidos.

En la década de los años sesenta fue paso de camiones para la línea Coecillo para sus rutas “Paloma” y “Llamarada”, que pasaban desde el puente República hasta la calle Gutiérrez Nájera; y para la ruta Pedro Moreno, entre el puente República y Progreso.

Hoy, los malecones están transformados en un eje vial de oriente a poniente, una de las vías más importantes para la actividad productiva y social de León.

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