En tiempos difíciles como el que vivimos surge como esperanza de vida y de ilusión el homenaje que queremos dar a nuestras queridas madres. Quiénes tenemos la fortuna de dirigirnos en forma presencial y la dicha de contar con ellas o bien a los que por desgracia no contamos en esta vida con su presencia física.
La fuerza inconmensurable de su significado nos hace recordar y pensar en motivos de agradecimiento a quienes se jugaron la vida para otorgarnos la nuestra y esto es apenas el inicio, pues nuestras madres cuando nacemos y solamente pedimos cuidados, ellas los dan con amor y entrega total, sin esperar recompensa alguna, quizá una sonrisa del ser amado, cuidan nuestra salud y con frases enternecedoras nos hacen sentir desde el inicio de la vida, el factor indispensable para poder reconocer que ser madre es un camino largo en que los problemas son chiquitos cuando los niños son pequeños y mayores cuando los hijos crecen. Siempre la madre saca la cara por nosotros y es el equilibrio perfecto en el hogar.
Es importante la presencia de una madre en nuestra vida como seres humanos y tiene un grado superlativo que habrá que admitir, porque el mismo Cristo, siendo hombre, quiso para Él tener una madre que, siendo maravillosa, sigue siendo nuestra gran intercesora y madre nuestra.
A nosotros nos toca no solamente reconocer su valía, sino dar lo mejor de nosotros mismos para buscar en ellas el objeto final de nuestros grandes amores. La alegría, la abnegación, el dolor y el sacrificio son parte indispensable que nos otorgan nuestras madres.
Los que no tenemos la suerte de tenerlas en esta vida, nos toca recordarlas y amarlas con la misma fuerza que cuando estaban vivas, pues el hecho de transitar por sus propios méritos a la Gloria Celestial, no significa que nos hayan abandonado, sino que son intercesoras de nosotros.
Hagamos un reconocimiento enorme a quienes la sociedad ha condenado a la segregación social, pues se obra sin razón, porque todas las madres son valiosas y me refiero a las madres solteras. No podemos juzgar su proceder, sino admirar su sacrificio de dar alimento, salud y educación en el hogar y la escuela ellas solas. Nuestro mayor reconocimiento a aquellas madres que desesperadamente están buscando a sus hijos desaparecidos y que llevan años con pala y pico intentando encontrar en parajes desconocidos a la razón de su vida, sus propios hijos. Piedad Señor.
Un reconocimiento a las madres recluidas en centros penitenciarios, culpables o no culpables y que quizá no todas tengan la suerte de recibir un saludo de sus hijos y una oración ferviente a las madres asesinadas sin razón, que solo tienen la congoja de sus seres queridos que las recuerdan y de la sociedad que se irrita y protesta. ¡Justicia para todas!.
Las madres que tienen a sus hijos lejos y reciben de ellos el apoyo económico para sobrevivir y que les llaman hijos ausentes, anhelan tener a sus hijos cerca y cuando ellos regresan se llenan de gozo y nos recuerdan a la parábola del hijo pródigo.
A las mujeres que, no siendo madres físicas, actúan como tales en ausencia de o en colaboración, entregando lo mejor de sí mismas sin pedir recompensa ya que, por alguna circunstancia ajena que no debemos de juzgar, se entregan con fervor a querer algún hijo o hijos con el mismo cariño como si fueran suyos. Hay miles que actúan en solitario y otras en grupos piadosos.
Por último, quiero pedir a quien corresponda del gobierno, la sociedad misma y iglesia que hagamos una campaña de concientización para terminar con feminicidios, muchas de ellas víctimas del odio y la violencia intrafamiliar.
Este 10 de mayo, el resto del año y siempre respetemos, amemos, démosles todo nuestro amor a nuestras queridas madres, pues ellas son la fuerza que puede salvar al mundo.
A mi madre que se me fue hace 50 años la sigo amando, a ti esposa mía, maravillosa madre y con respeto a mi madre del cielo… ¡Felicidades!
