Es cierto que el calvario de los inmigrantes hondureños está en boca de todo el continente americano, pero ellos tienen años enfrentando dificultades, así como para muchas personas, verlos caminar rumbo a Estados Unidos es algo muy normal.
Hay hondureños como Carlos, Luis y su sobrino el pequeño Kener, de 9 años. Su rutina no es atravesar el país, sino pedir dinero en la zona de la carretera a Santa Rosa, y así ahorrar para subir al tren e irse “al norte”.
Los tres vienen de Puerto Cortés, una localidad hondureña que dejaron atrás hace mes y medio. Hasta el momento se han detenido en León. Se dedican a pedir limosna entre los coches, solicitar alguna “chambita” pasajera. Eso durante el día. Durante la noche, duermen en algún cuarto que rentan o a la intemperie.
“No tenemos de otra. Sabemos que no es sencillo para nosotros estar aquí, y andar pidiendo dinero entre los coches no es nada seguro, pero… ¿Qué más hacemos?”.
Lo único que les queda hacer es, justamente, esperar el tren y reunir dinero.
VER PASAR A LOS CENTROAMERICANOS
Actualmente, cientos de mexicanos ven pasar a la caravana oriunda de Centroamérica, pero para personas como Lety, encargada de la pequeña tienda de abarrotes ubicada justo a unos pasos de las vías del tren de la carretera a Santa Rosa, es algo muy habitual.
Desde hace diez años, Leticia tiene su tienda, conocida sólo como “Doña Chuy”. Allí atiende a leoneses… pero también a centroamericanos, quienes pasan a diario por allí. Cuando tiene la oportunidad, les regala algo de agua y comida, y si se quedan en las calles frente a su negocio, cobijas o cartón para pasar la noche.
Lo que para algunos mexicanos es una novedad o una extrañeza, para Lety es un escenario diario. Mientras atiende a su clientela, explica:
“Son buena gente, a mí nunca me han hecho nada malo. Incluso yo les digo que no se vayan a colonias que quedan por la zona, como es el caso del Guaje, que es bastante peligroso. A mí, la verdad, me parten el alma cuando llevan niños cargando. Muy pocos son los que realmente se quedan, la mayoría lo que hace es esperar el tren, hay quienes solamente están uno o dos días y luego se van” advierte.
Leticia sigue atendiendo a su clientela, y viendo pasar a los centroamericanos.
