Seguimos envueltos en una serie de noticias que a fuerza de tener la ilusión de lo mejor nos encontramos con que un día el presidente anuncia con bombo y platillo una cantidad importante de vacunas que va a llegar, y más tarde cuando el presidente hablaba de un millón, el secretario de Salud hablaba de menos y por último el subsecretario, de quien el presidente dice que es único en el mundo, informó que sólo llegarán 500 mil, y que además serán para la segunda toma de la primera vacunación.

Nos dicen que la siguiente semana de Pfizer van a llegar 400 mil y en las siguientes semanas cantidades similares, nos hablan de que ha llegado el componente principal para terminar de procesarse en Querétaro y que la vacuna AstraZeneca vendrá en abril y la población lo vuelve a creer a quien lo afirme, como la vacuna rusa Sputnik que se han comprado millones, pero no tenemos fecha exacta de cuándo estará con nosotros y mientras tanto día con día, a las 7:00 pm en un informe diario López Gatell vuelve a contar otra de sus mentiras o una verdad a medias y seguimos soñando de que llegarán las vacunas.

No nos queda más remedio que no perder la esperanza, aunque la desesperación inunda nuestro corazón por la muerte de miles de compatriotas diarios. Porque hay un informe oficial que se presenta de acuerdo a los resultados de las clínicas y hospitales del sector salud y los hospitales privados, no obstante, el INEGI afirma que las cifras no están completas y se habla de hasta un 40% más de lo anunciado diariamente.

Por último, hay personas que al no tener acceso a ningún hospital público por falta de capacidad para aceptar sus enfermos de covid, se los llevan a su casa con el mayor de los cariños y cuidados de los que son posibles dentro de su pobreza, tristeza y desolación. Les dicen que necesita urgentemente oxígeno, cuando con sacrificios reúnen el dinero que hoy vale un cilindro de oxígeno, llega al día siguiente y vale más, y tampoco hay; así pasan días enteros esperando y el enfermo cada vez está más grave. La familia entra en pánico y desesperación, ellos hacen lo posible pero no es suficiente. También los hospitales públicos tienen razón, hasta los pasillos están atestados de personas que allí tienen que recibir el tratamiento inicial o más avanzado. Algunos allí mismo encuentran la muerte y otros se alivian.

El panorama es siniestro, a la cifra oficial hay que sumarle también los que mueren en sus casas en la forma anteriormente citada y no entran en la estadística. Triste consuelo es verlo morir en casa y llorar alrededor de su cama, con la misma posibilidad de ser contagiados los que los cuidan y es el cuento de nunca acabar. Empieza otro calvario, hay que buscar quien haga el trabajo funerario, la oportunidad es para los que venden esos servicios, la tragedia es para los que no tienen con qué pagar lo indispensable; los cementerios están llenos, en los crematorios se hace fila para incinerarlos y el resultado es el mismo, una familia o muchas quedan en el desamparo. Ahí no terminan las cosas, pues hay que tener trabajo para vivir y hay pocos, solamente el Creador en su Divina Misericordia hace posible que sobrevivan.

Volvamos atrás y pensemos que ya tenemos los millones de vacunas prometidas y según el gobierno ya compradas, pero tampoco hay un sistema adecuado de vacunación ni los planes están definidos. Dijeron que los primeros en ser vacunados serían los trabajadores y personal al servicio de la salud en los hospitales, apenas llevamos primera dosis para ellos, falta más de medio millón para los sanitarios y seguimos los adultos mayores y no queda otro remedio más que pensar que se podrá, aunque el desconcierto y la desinformación es latente.

Israel ha vacunado al 60% de su población, la república de Chile lleva un avance de cerca del 30% y México está en el 0.58%.

Todos deseamos un milagro y las oraciones continúan.

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