Muchas veces escuchamos que el amor no se puede medir, menos saber cómo nos enamoramos. Sin embargo, en los inicios de los años 90’s, los científicos hicieron el descubrimiento de algunas funciones de la oxitocina, conocida como la droga del amor.
Si bien dicha sustancia funciona tanto como hormona (es la encargada de la lactancia, el parto y procesos de reproducción), como neurotransmisor; pues es ella quien le da forma al afecto y el enamoramiento en los seres humanos.
Se sabe poco aún, de dicha hormona, aún continúan los estudios. Lo que se sabe es que mientras nos enamoramos, el cerebro produce altas concentraciones de dopamina, serotonina y oxitocina.
En estas altas concentraciones el cuerpo, poco a poco se va acostumbrando hasta que genera tolerancia como cualquier droga. Muchos interpretan esto como falta de amor, ya que se han habituado a esa producción a un “chorro” de neurotransmisores. (MacDonald & MacDonald, 2010). Sin embargo, cuando se deja dicha relación, el cuerpo está habituado a tal estimulo que aquello se transforma en una “crisis” emocional.
Ese “chorro” de hormonas ayuda a que el cuerpo se “inunde” de feniletilamina.
La feniletilamina es una amina aromática simple. Se encuentra en diversas sustancias como el chocolate, algunos quesos añejos, es una parte esencial en el LSD y, también se encuentra en la química molecular de la cocaína y la morfina.
Entonces se puede afirmar que enamorarse es estar drogado, como lo dijo la doctora Stephanie Ortigue, profesora de la Universidad de Syracuse. Quien lleva la afirmación más lejos: enamorarnos causa adicción. La feniletilamina es la causante de que los seres humanos queramos estar enamorados o, en su defecto, ebrios.
Pero regresando a la oxitocina, esta se produce tanto en hombres como en mujeres con un simple roce, un abrazo y, algunas veces, con una simple mirada. Cuando entra en juego los otros dos neurotransmisores, aquello ya no se puede parar: nuestro cuerpo se llena de feniletilamina y ya estamos enamorados.
Según estudios de la Universidad de Syracuse, la habituación a este efecto en los hombres dura entre 15 días y 3 meses, mientras que en las mujeres el efecto deja de sentirse fuertemente de 3 a 6 meses. Pero cuando hay una ruptura amorosa, nuestro cuerpo puede llegar a requerir hasta 4 años para que vuelva a su estado neuroquímico normal. Así que después de un truene, hay que buscar rehabilitación.
Una solución mínima es consumir chocolate o quesos apestosos. Pero dadas las concentraciones que tienen y que la feniletilamina se descompone rápidamente en el cuerpo, sólo llegará a nuestro torrente sanguíneo una cantidad muy pequeña, pero nos ayuda a sentirnos menos mal.
