El próximo 3 de diciembre se conmemora el Día Mundial del No Uso de Plaguicidas, instaurado debido a uno de los infortunios industriales más terribles y abominables de la historia moderna: la tragedia ocurrida en Bhopal, India, en 1984, que dejó como resultado 25 mil personas muertas y al menos 558 125 heridos de gravedad. Hasta el día de hoy, la gente sigue experimentando secuelas en su salud.
Lo ocurrido en aquella ciudad de la India es un caso de uno de los crímenes industriales más infames que existen: la falta de mantenimiento y negligencia en los procedimientos más básicos de seguridad.
Todo comienza la noche del 2 de diciembre de 1984 y la madrugada del día siguiente, cuando, en la fábrica de pesticidas de la empresa estadounidense Union Carbide, comenzó a fugarse gas MIC, que significa isocianato de metilo, un compuesto químico extremadamente tóxico, extendiéndose por las calles de Bhopal.
Todo ocurrió, presuntamente, por el cloroformo filtrado debido a la mala calidad en procesos de producción, o como señala el artículo sobre el tema, escrito por Carlos Velázquez y disponible en la página ‘Cienciorama’ de la UNAM: “Aun hoy no está completamente claro lo que realmente ocurrió en la planta. El manejo judicial, la falta de acceso a la información y en general el nivel de responsabilidad que el gobierno de la India mostró a la hora de manejar esta tragedia fueron los factores que más han perpetuado y profundizado la injusticia en este caso, junto con la actitud negacionista de la Union Carbide, que siempre trató de minimizar su papel en este desastre”.
La gente llevaba a cabo sus actividades con normalidad, cuando se dieron cuenta que les ardían los ojos y empezaban a toser de forma incontrolable. Poco después, hombres, mujeres y niños comenzaron a vomitar y defecar, para después caer al suelo. Muchos seres humanos no llegarían con vida al amanecer.
Por desgracia, el terror apenas empezaba.
Al día siguiente, todos los hospitales de la ciudad estuvieron repletos de víctimas, y aunque los médicos hicieron su mejor trabajo, no sabían a lo que se enfrentaban ni tenían el equipo suficiente, de modo que las y los afectados empezaron a morir en la sala de espera y en las calles. Las fotografías difundidas sobre los dantescos hechos, así como los videos, son terribles: desde adultos cayendo al suelo hasta bebés siendo enterrados en fosas comunes.
Hoy en día, la población sigue sufriendo secuelas: cáncer, infecciones renales y problemas pulmonares.
RESPONSABLES
Era evidente que tenía que haber un responsable, pues lo ocurrido respondía a que no se tenían en cuenta medidas de seguridad para los empleados, a quienes no se les daba suficiente equipo, aunado a los bajos costos de producción.
Todo apuntaba al estadounidense Warren Anderson, el presidente y consejero delegado de la Union Carbide. Pese a que se condenó en 2010 a 8 directivos de la empresa a 2 años de cárcel y a una multa de 600 000 rupias, el cabecilla estaba libre.
Aunque visitó Bhopal, Anderson solo estuvo detenido tres horas. Regresó en avión privado a Estados Unidos, y murió en 2014 en una lujosa residencia para jubilados de California, a los 92 años. Jamás asumió la responsabilidad.
El día de su fallecimiento, la gente de La India escupió y pisoteó su fotografía, llenos de impotencia y frustración.
Hoy en día, la tragedia de Bhopal sigue dando mucho de qué hablar. Han surgido valientes activistas sobre el caso, como Satinath Sarangi y Rachna Dhingra. Todavía se recuerda y respeta a Rajkumar Keswani, el periodista que dio a conocer todas las irregularidades y aunque sobrevivió al gas, murió de coronavirus en 2021.
Los lectores interesados pueden consultar distintas fuentes, como la excelente serie ‘Los trabajadores del ferrocarril: La historia no contada de Bhopal 1984’ y la página bhopal.org.
En 2024 se cumplirán 40 años de la tragedia.