Bernardo Monroy
Como cada año, el desfile permitió que la gente “hiciera su agosto” en pleno enero, pues muchos comerciantes y residentes de diferentes casas a lo largo del López Mateos se dedicaron a vender, obteniendo ganancias que aunque escasas, seguras.
Durante el desfile, desde el Parque Hidalgo hasta las instalaciones de la Feria fue posible ver cómo cientos de puestos y negocios de diversa índole mostraron sus productos, tradición que se ha repetido año con año y ya es habitual cada que se celebra el desfile, pues aunque la situación del país y la ciudad no es sencilla, el afamado evento de la fundación de la ciudad siempre dejará ventas.
Los comerciantes ofrecieron papitas, hamburguesas, hot-dogs, tortas, rebanadas de pizzas, tacos, gorditas tanto dulces como saladas, e incluso la gente de Samborn’s vendió tortas, pizzas, café y aguas de sabor. Los vendedores de banquitos, sombrillas y palos para tomarse selfies tampoco pudieron quedarse atrás.
La gente del hogar ubicado en el número 808 de López Mateos vendió tacos y quesadillas a 13 pesos. Ubicados frente al edificio del Poder Judicial, ya tienen la costumbre de ofrecer su producto año con año. Aunque para ellas no fue un día perfecto de ventas, ya es toda una tradición.
Las tortas fueron un “manjar” que no pudo faltar durante el desfile. Algunas de carnitas y milanesa a ocho pesos. De igual forma, un joven vendiendo artículos electrónicos,como cables USB o memorias, fue otro de los vendedores que a lo largo y ancho del López Mateos mostraron sus productos, sin faltar los que ofrecían sillas y bancos también.



