Tengo que confesar que no me está siendo fácil adaptarme a la Cuarta Transformación. Personalmente no comulgo con las formas del actual gobierno, aunque, evidentemente, estoy a favor de un México más próspero para todos. En todo caso, coincido con Manuel J. Clouthier, quien afirmada que en México debía tenerse tanta sociedad como fuera posible, y solamente tanto gobierno como fuera necesario. De ninguna forma el gobierno podría tener todas las respuestas, todas las soluciones o todos los recursos para aliviar los problemas que nos aquejan. No, sin una sociedad participativa – y no me refiero a la participación en las consultas ciudadanas – no será posible salir adelante.
Desgraciadamente, las acciones que están emprendiendo, tanto el Poder Ejecutivo, como el Legislativo, pretenden dar muestra de lo contrario. Estamos ante la presencia de un gobierno más bien paternalista, que pretende resolver los problemas con programas sociales, con un carácter meramente asistencialista. Esto es, quizás, lo que más me incomoda. Las soluciones de fondo se encuentran en el trabajo del sector privado, como responsables de generar fuentes de empleo; y de producir y hacer circular bienes y servicios que, en última instancia, son el motor de la economía. El rol del gobierno debería ser, simplemente, el asegurar la libre competencia en igualdad de circunstancias; y, hacer uso de los programas asistencialistas, únicamente de forma temporal.
El sector privado tiene dos responsabilidades. Por un lado, la más elemental, relacionada con generar oportunidades de trabajo, adecuadamente retribuidas, en condiciones laborales y de seguridad social que sean dignas. Mientras más unidades económicas existan, mayores serán las oportunidades laborales que se creen. Y en el núcleo de la empresa debe establecerse una simbiosis entre los socios, los colaboradores y los clientes, para crear una espiral ascendente de productividad, que permita ofrecer, a lo largo del tiempo, mejores condiciones para todos. Esto solamente es posible, en la medida en la que, el sector empresarial, comprenda la enorme responsabilidad social que tiene.
Esta es la segunda responsabilidad del sector privado, la Responsabilidad Social Corporativa. El pasado viernes, tuve la fortuna de poder asistir a un concierto de la Trinitate Philharmonia. Como lo señala su página de Internet, este programa social nació en 2009, gracias al impulso y compromiso de un grupo de empresarios leoneses, con el objetivo de ayudar a niños y jóvenes de las comunidades aledañas; y proveerles de “un lugar seguro donde puedan soñar en un futuro sin límites y desarrollar sus talentos personales cualesquiera que sean sus dones”. La calidad del trabajo de la orquesta es excepcional; y, en efecto, nos mostraron a los asistentes, lo que el trabajo de la sociedad organizada puede lograr, en favor de aquellos menos favorecidos.
Al salir del concierto me sentí revitalizado y con una renovada esperanza de que vendrán tiempos mejores. Difícil será cambiar la mística del actual gobierno, que pugna por un cambio de régimen político, social y económico, que tiene como centro al Presidente de la República. Pero sí es posible trabajar desde la trinchera del sector privado. Por un lado, insistir en mejorar las condiciones laborales y económicas de los trabajadores. Por otro lado, ampliar el número de empresas con programas de responsabilidad social empresarial. Y, por último, ensanchando la base patronal, desde los organismos empresariales, para conformar grupos amplios y sólidos, que puedan convertirse en el contrapeso necesario del gobierno.
