
Las controversias abundan: un caso ocurrió en octubre de 2022, cuando en un concierto del 8 Music Fest, se proyectó la imagen del Chapo Guzmán mientras el joven de 23 años cantaba (aunque después se deslindaría). Posteriormente, cuando fue invitado al Tonight Show de Jimmy Fallon, el activista Bryan LeBaron declaró que era “una ventana a la apología del crimen”, quien en su cuenta de Twitter publicó: “100 mil muertos al año por adicciones en EEEUU, 100 asesinatos diarios en México. Ambos países debatiendo para hacer frente al fentanilo. Mientras, el programa estelar de @jimmyfallon presenta a Peso Pluma, intérprete de canciones que celebran a líderes criminales”.
Aunque es cierto que, a diferencia de los llamados ‘corridos bélicos’, no todos los ‘corridos tumbados’ hacen siempre apología al crimen, sí hay canciones en las que se refiere a personalidades criminales como el Chapo o ‘El Azul’. Incluso el mismo Peso Pluma ha reconocido que hace corridos sobre el narco por encargo.
El tema no es nada sencillo. Al respecto, en entrevista para este medio informativo, Vladimir Ramírez, quien tiene maestría en Criminología, y es además Rector General del Colegio Internacional de Ciencias Criminológicas y Forenses, representante legal de la Federación Mexicana de Criminología y Criminalística y presidente de la Academia de Altos Estudios Jurídicos, Forenses y Criminológicos.
Ramírez apunta que estos géneros musicales y sus diversas bifurcaciones, más allá de ser un medio que normaliza o socializa la violencia, es un efecto indirecto de la violencia misma presente en la sociedad que se desprende desde la criminalidad. “Nos habla mucho sobre la salud que pueda tener una determinada sociedad y su postura ante esos fenómenos, por cómo se acepta, se divulga, más allá de su moralización buena o mala”, señala.
ELLOS NO BAILAN SOLOS
Ramírez realiza un recorrido histórico del género:
“Desde un punto de vista criminológico sí es una apología al crimen organizado, aunque sabemos que el corrido como género tiene más de cien años, cuando surgió en la Revolución Mexicana. Pero es a fin de los años setenta, cuando surge el narcotráfico en su máxima expresión, surgen los narcocorridos. Lo más triste de esto, es que hacen ver a los narcotraficantes como si fueran héroes que hacen mucho por la patria”.
Muchos de estos corridos (bélicos y tumbados) hablan de cómo el protagonista salió de pobre y ascendió socialmente. Esto, señala Ramírez, es muy peligroso, porque se le vende a la juventud que este camino es fácil y divertido.
Todo esto tiene que ver con la idiosincrasia. Ramírez cita el libro de ‘Los Señores del Narco’ de Anabel Hernández, que profundiza en cómo muchos niños sueñan con afiliarse al crimen organizado. Esto de ninguna forma se justifica, pero sí explica la problemática ante la pobreza constante en México, y la dificultad de salir de la pobreza.
“Jamás justificaría un delito tan deleznable como el narcotráfico, pero tiene mucho que ver como problema social”, aclara el académico.
“Hay que estudiarlo totalmente, porque se apropia de nuestros símbolos culturales, y se inculca el hecho de que esto (el crimen, el tráfico de drogas) está bien”, expresa Ramírez.
Entonces, ¿Qué hacer?
NADA DE CENSURA
El especialista aclara que la problemática se puede abordar desde muchos enfoques, pero, sin duda, la censura no es una opción, puesto que México es un país libre. Sin embargo, desde el ámbito criminológico es importante educar y reeducar.
“No se trata de censurar, sino que sea para mayores de 18 años, para personas que por sí mismas decidan que van a escuchar a Peso Pluma o al Komander. Sería muy importante que se tuviera un poco más de precaución, porque la criminología es prevención, para que los futuros adultos no los seduzca el dinero fácil y el crimen. Desgraciadamente, a las autoridades les interesan muchas cosas más, menos la prevención”, concluye.