El abogado Juan Velázquez, quien lleva el caso de Roberto Zermeño en contra del municipio, por la disputa del Estadio León, declaró que el inmueble le pertenece a su cliente y que los procesos jurídicos que promueve la actual administración son “patadas de ahogado” e “intentos de resucitar un cadáver al grado de llevarlo con el Papa”.
“El municipio perdió el estadio, luego apeló y perdió, después promovió un amparo y perdió otra vez, y a pesar de perder y tres veces, volvió a promover un recurso que se llama revisión, que fue absolutamente improcedente; son “patadas de ahogado” para que la Suprema Corte durmiera el sueño de los justos” declaró el abogado.
SUPREMA CORTE
Explicó que el juicio lo tomó avanzado en la última instancia, en la cual Zermeño le pidió que gestionara y revisara que la Suprema Corte lo resolviera, declarándolo improcedente, pues las acciones del municipio “son improcedentes”.
Destacó que la Suprema Corte no le tomó el tiempo al caso, pues “el asunto ya se había decidido, hagan de cuenta que era un cadáver que llevaron al Vaticano para que allí el Santo Padre lo resucitara, el Papa ya ni un exorcismo le hizo, ni lo bendijo, lo devolvió al Panteón, porque ya estaba muerto, el asunto cuando llegó a la Suprema Corte ya estaba absolutamente muerto”.
Velázquez reconoció que el municipio de León cuenta con buenos abogados, quienes ya sabían que el caso está totalmente perdido para la actual administración, y que lo único que buscan es ganar tiempo alargando el caso, “ellos lo saben, sólo tratan de ganar tiempo”.
En cuanto a los dueños de palcos y plateas, dijo desconocer los alcances de sus amparos, “es un tema que no conozco, yo no entré al fondo de ese asunto, yo sólo sé que Roberto Zermeño es el dueño”.
BÁRBARA BOTELLO
En cuanto al actuar de la administración de Bárbara Botello, dijo desconocer si hubo desidia para perder el caso, “Ignoro si hubo negligencia de los abogados del municipio”.
Enfatizó que solamente estudió los alegatos del municipio en el proceso de revisión, los cuales fueron “totalmente improcedentes jurídicamente, los abogados sabían que son improcedentes sus alegatos, pero lo hacen para ganar tiempo, para llegar a la corte donde hay 400 mil asuntos, que se quedara (estancado) y un día se resolviera”.
Concluyó que intervino para que la Suprema Corte simplemente se diera cuenta de que el caso que tenía era “un cadáver que no podía ser resucitado y que se deshiciera de él enviándolo al panteón”.
