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Motivación que transforma vidas

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Hace dos años, Tomás Camacho Álvarez llegó al Espacio de Desarrollo para Personas Mayores en San Francisco del Rincón con reservas. Pensaba que era un sitio donde personas de su generación pasaban el tiempo sin mayores expectativas. Se equivocó.

“No encontré una actividad, encontré un ambiente”, resume hoy. Lo que comenzó como curiosidad terminó en compromiso. Entre clases de canto, teatro, danza y actividades recreativas, Tomás descubrió algo más profundo: compañía, propósito y comunidad. Ahora no solo asiste; también invita. Ya convenció al menos a cinco personas más de darse la oportunidad. Incluso se ofrece a llevarlas y traerlas.

Porque aquí —dice— “no solo sales a la calle; sales de la rutina que te afecta”. Su historia no es aislada.

Rosa Estrada Hernández, “Rosita” para sus amigos, recuerda que hace siete años su vida transcurría entre tareas domésticas, televisión y largos silencios. La ansiedad era constante; sentía que los techos se le venían encima. Cuando la invitaron al Espacio de Desarrollo, temió que la dejaran ahí y que sus hijos se olvidaran de ella. Con el tiempo entendió que era todo lo contrario.

Encontró un lugar para interactuar, moverse, reír. Danza, cachibol, zumba y canto no solo ocuparon sus mañanas: transformaron su estado de ánimo. Hoy es ella quien anima a sus vecinos indecisos a participar.

En Guanajuato existen 56 Espacios de Desarrollo para Personas Mayores que atienden a más de 25 mil personas en los 46 municipios del estado. Operan de lunes a viernes en jornadas matutinas de dos a tres horas, ofreciendo actividades culturales, deportivas y productivas, así como servicios de salud y orientación en alimentación.

No importa si se vive en León, en Xichú, en Acámbaro o en los Apaseos: la oferta es integral y accesible. No se trata de “pasar el tiempo”, sino de recuperar el ritmo, fortalecer la salud emocional y construir comunidad.

El programa, impulsado por el DIF Estatal Guanajuato desde hace más de dos décadas, ha evolucionado escuchando a quienes lo viven diariamente.

“No son solo números; son historias que la gente se lleva a su casa. Cada actividad nació de lo que las personas mayores pidieron”, señala Alfonso Borja Pimentel, director general del organismo.

Tomás y “Rosita” coinciden en algo esencial: la experiencia cambia la perspectiva. Lo que parecía un espacio ajeno terminó siendo un segundo hogar. No reemplaza la vida familiar; la complementa. No aísla; conecta.

Si tienes una persona mayor en casa —o si tú mismo quieres romper la rutina y ampliar tu círculo—, vale la pena acercarse y conocer estos espacios. A veces, la diferencia entre el encierro y la motivación está a unas cuadras de distancia.

La invitación está abierta. La decisión, también.

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