19 de septiembre 2017, 1:10 de la tarde Ciudad de México Luis Antonio Hernández Hernández de 41 años, rescatista y paramédico en la Comisión Nacional de Emergencias, desempeña su otra actividad como chofer, antes de regresar a Purísima del Rincón, donde tiene 20 años de haber llegado por primera vez.
Luego de avanzar apenas unos metros en el caótico y ruidoso tráfico, el reloj marca 1:14, la sirena suena y cinco segundos después un temblor de 7.1 grados se deja sentir en CDMX, cerca 80 edificios colapsados y otros más a punto de caer, cientos de personas debajo de los escombros.
Se oyen gritos desesperados en las calles, “Otra vez no, Dios mío”, Antonio se contacta con otros paramédicos, es momento de poner en práctica sus conocimientos en busca y rescate en estructuras colapsadas y atención en ambientes de riesgo.
“Por lo regular suena la alerta y te dan de margen 30 o 40 segundos, aquí sonó y 5 segundos después empieza el temblor, me detuve me trate de comunicar con mi familia, el problema fue que la ciudad de paralizo”, dijo el paramédico.
ESCUELA REBSAMEN
2:40 de la tarde, siguiente parada, escuela privada Enrique Rebsamen, al sur de la capital Mexicana.
“Me identificó como rescatista y paramédico, mi impresión fue de desesperación por que había niños y personas sepultadas con vida en esa pila de escombros”, detalló el rescatista.
EL DESCONTROL
Viendo donde se necesitaba ayuda, Luis Antonio encontró a un grupo de entre 20 y 30 personas, muy efusivas, pero poco organizadas que se disponían a ingresar a los resquicios y buscar personas con vida.
“Veo a un grupo de personas en un hueco enfrente del colegio, veo una desorganización total, tomó el control de la situación en ese punto, vimos por donde podíamos ingresar, para no desestabilizar lo derrumbado”, detalló el paramédico voluntario.
Por 45 centímetros de ancho rodeado de tubos y varillas retorcidas, logran avanzar entre los escombros del edificio hasta 7 metros.
Guiados por 4 perros pertenecientes a la MARINA y por la directora del colegio, quien minutos antes aseguraba que en esa parte como a 15 metros de había de 12 a 15 personas, 2 cirujanos, un hombre que daba su servicio en la MARINA y Antonio, seguían quitando escombros y avanzando.
TRABAJO INCANSABLE
Deshidratados por el calor agobiante, sin fuerza en sus brazos como podían los hombres, quienes jamás se habían visto en sus vidas, se organizaron para continuar sacando piedras, mismas que eran movidas por miles de manos de jóvenes voluntarios hacia carretillas, para luego depositarse en camiones de volteo.
“Llegué al 20 para las tres y me fuí a las seis de la mañana del siguiente día, perdí la noción del tiempo,” dijo el rescatista.
Acto seguido la MARINA, prohibió que decenas de personas expertas en rescate, incluyendo “El grupo de topos” hicieran sus labores, ya que en la parte de arriba otras personas comenzaron remover escombros en la parte superior.
Esto interrumpió su interés por ayudar, pero una vez más entre los escombros, el grupo de 4 rescatistas ve otro resquicio por donde pudiera haber personas con vida.
La MARINA mete a tres perros para detección con vida y otro para detectar cadáveres.
Vuelven a ingresar y después de avanzar varios metros, lamentablemente se encuentran con otro grupo de rescate que seguía su rastro con otros caninos.
“Estoy con una sensación confusa por la falta de organización, me quedó con tristeza, pero lo más impresionante para mi es que se rompe esa sensación que los del DF no ayudamos, en esta ocasión las personas se unieron desde el primer momento”, puntualizó el entrevistado.
EL TERRIBLE RECUERDO
Para este rescatista que se suma a las filas de Protección Civil de Purísima del Rincón, el temblor del pasado 19 de septiembre tiene muchas imágenes similares al temblor de la mañana de 1985, donde murieron millares de personas.
Y es que la desorganización de las autoridades quedo de manifiesto al grado que el pueblo durante las primeras 48 horas, realizó las labores de rescate.
A su vez dijo que se deben revisar y aplicar a raja tabla los procesos de urbanización y construcción, para que decenas de edificios estén más seguros para habitar.
Además, consideró que de no haber tomado el control la MARINA, hubiera seguido buscando personas debajo de los escombros, porque al pensar que uno de sus familiares estuviera en peligro y alguien lo pudiera ayudar, eso se lo agradecería
“Honestamente pensar en mi hija, me la imagine en más de una ocasión, si le pasará algo pensar que alguien más que la intentará rescatar no pararía”, expresó Antonio.
Por último, la mayor satisfacción para este hombre, oriundo de la CDMX, es haber hecho su mayor esfuerzo por rescatar a alguien, ver la unión del pueblo ante una tragedia y dejar de manifiesto que ante estas catástrofes las autoridades no están preparadas ni organizadas.
