Es de humanos cometer errores y los únicos que los repetimos no una, sino varias veces.
Sin aprender deambulamos por la vida tropezando una y otra vez evitando tomar en cuenta las enseñanzas de las faltas cometidas y jamás aprendemos en cabeza ajena, es decir, de los errores de los demás.
-Nos gusta, y pienso que disfrutamos ad libitum esta manera de vivir.
En nuestro país podemos observarlo a diario. Creemos que vivimos libremente y hacemos lo que nos gusta., pero hacemos lo que el sistema indica.
Somos marionetas manipuladas por hilos que son conducidos por un titiritero. Este a su vez por otro y así sucesivamente que imperturbable se deja llevar y traer por esa mano negra, oculta tras una cuidada escenografía que nos impide ver, tras bambalinas, el rostro del actor y sus intenciones.
Y es éste, un transformista, el que decide qué debe hacer y cuándo debe hacer a su secuestrada marioneta, siempre dispuesta a obedecer y entretener al hipnotizado público mientras una mano invisible ejecuta a su antojo misteriosos y oscuros planes, que persiguen el beneficio de unos pocos, también escondidos entre las tinieblas del anonimato.
¿Quién mueve los hilos?
Hace mucho tiempo que me hago esa pregunta. El escenario, perfectamente armado, solo deja ver las marionetas que sin vida yacen sobre el tablón y solo, una cuando abre el telón, tomarán vida para interpretar una obra diseñada para sugestionar a los presentes.
¿ Quiénes son?
Bastaría con desplazarse y súbitamente echar una mirada detrás del escenario para saber.

Solo eso nos falta, tener iniciativa para evitar que la escena se repita.
¿Qué necesitamos?
Tomar el escenario y los hilos de nuestras vidas. Dejar a un lado al titiritero. Salir de nuestra área de confort y desesperanza.
Un país tan pequeño como Singapur logró una gran transformación. Lee Kuan Yew, (Harry Lee) el hombre que transformó Singapur en una potencia económica. Una mezcla de capitalismo privado e intervención del Estado. Convirtió a lo largo de varias décadas Industria, comercio, finanzas.
Sentó las bases de una nación que actualmente está entre las mejores en educación, sanidad y competitividad económica.
Harry Lee, como le decía su abuelo, puso un alto a la corrupción, que era un mal endémico y se embarcó en grandes programas de empleo. Constituyó un gobierno autoritario, mantuvo un férreo control político sobre cada aspecto del Estado, convirtiendo al país en uno de los más regulados del mundo.
Nada es perfecto, pero logró el crecimiento y por ello fue admirado no solo en su país, también por otras naciones.
Sin ir tan lejos, en nuestro país también hay ejemplos de lo que podemos transformar con la cooperación y trabajo de un pueblo unido.
En Michoacán a pesar de la incertidumbre y delincuencia, existe un municipio en el centro del Estado en la región denominada como la Meseta Purépecha y se considera como una de las principales zonas habitadas por este pueblo, un oasis en medio del desierto.
-Cherán
Tiene una extensión territorial de 221.88 kilómetros cuadrados. Ahí el sistema político fue reemplazado por una moderna versión de la organización tradicional

del pueblo p’urhe desde el 11 de abril de 2011, cuando el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) falló a favor de la solicitud de un grupo de ciudadanos representantes de la comunidad para gobernarse a sí misma, apelando a su derecho de pueblo indígena.
La comunidad fortalecida por sus mujeres evitaron la tala indiscriminada de sus bosques y además expulsaron, no solo a la delincuencia organizada, también a los partidos políticos. Se constituyeron en un autogobierno creando una serie de asambleas que regulan y coordinan el funcionamiento de Cherán, hasta la fecha.
Un ejemplo digno de réplica a nivel nacional.
Cortaron los hilos de la manipulación y asumieron responsabilidades. Bajo tradiciones ancestrales pero con una visión hacia la modernidad aplicando la tecnología y los avances ecológicos más modernos, incluso que en Europa.
No hay difusión y muchos desconocen estos hechos. Nos mantenemos en el ostracismo informático y ciegos ante lo evidente.
Como me dijo un gran amigo: ¡ante el éxito no hay excusas!
Simplemente tras el escenario aparecen como leviatán, los saltimbanquis que histriónicamente modulan las cuerdas de un país atormentado por su religión y usado por el Gobierno para el beneficio de unos cuantos.
El problema somos nosotros que necesitamos de esos hilos.
¡Hasta la próxima!
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