Como escribimos de la semana pasada, los tres eventos a los que voy a hacer referencia se hicieron respetando las recomendaciones de las autoridades de salud ante la pandemia que nos está aquejando, se celebraron sin público y en forma restringida de la participación de numerosas personas, como nos tienen acostumbrados en estos eventos y empezamos por decir que resultó solemne el homenaje a los Niños Héroes que ofrendaron su vida en el Castillo de Chapultepec, ante el agresor norteamericano que nos había invadido, el cadete del Colegio Militar designado se lució haciendo un discurso donde se exaltaron los valores patrios ante la presencia del presidente de la República, Manuel Andrés López Obrador, y su esposa, secretarios de la Armada y Marina, y un reducido número de invitados especiales. Con gran expectación recibimos el mensaje y la manera formal y elocuente que nos hizo recordar este evento trascendental y nos emocionó con la fuerza de sus convicciones allí expresadas en honor a los valores patrios.
La ceremonia del Grito en la que en el Balcón Central solamente estaba el presidente y su esposa ante el Zócalo desierto, el presidente exaltó a los héroes nacionales que nos dieron Patria y Libertad, y también improvisó con el amor al prójimo, a nuestros valores culturales y en la esperanza en el porvenir. Terminó tocando la simbólica campana de Dolores, posteriormente hubo un espectáculo de música y juegos pirotécnicos de acuerdo a las Fiestas Patrias.
El día 16 con las mismas condiciones, se hizo un reconocimiento a todo el personal médico que se ha jugado la vida por salvar la población ante el Covid-19. En seguida, de forma simbólica, todo dentro de la plaza vacía y solamente con un reducido contingente y mensajes en cuadros montados arriba de remolques, con participación del contingente de militares y de Marina arriba de los vehículos militares, destacando los paracaidistas que se lucieron con su destreza y también las tropas de asalto que descendieron de helicópteros. Hay que hacer mención especial de la nunca olvidada presencia del batallón de caballería que montados en sus briosos corceles empuñaban la bandera nacional, haciéndonos estremecer y recordar con emoción las grandes hazañas con las trompetas que interpretaban la marcha dragona.
Para terminar este mensaje quiero escribir algo que me nace del corazón y que nos hace sentir el fervor patrio como todos los eventos anteriormente descritos, me refiero al poema del Vate Ricardo López Mendez:
México, creo en ti,
como en el vértice de un juramento.
Tú hueles a tragedia, tierra mía,
y sin embargo ríes demasiado,
acaso porque sabes que la risa
es la envoltura de un dolor callado.
México, creo en ti,
sin que te represente en una forma
porque te llevo dentro; sin que sepa
lo que tú eres en mí, pero presiento
que mucho te pareces a mi alma
que sé que existe pero no la veo.
¡Viva León!
¡Viva Guanajuato!
¡Viva México!




