MUCHAS QUEJAS

 

En efecto. Muchas personas se quejan de la guerra de lodo que presenciamos todos los días, y de la falta de contenido, visión, principios y propuestas que las distintas narrativas ofrecen los presidenciables y los demás candidatos a cualquier número de cargos de elección popular.

 

No es para menos. El Nembutal de spots al que se encuentra expuesto el target elector es formidable.

 

Carlos Castillo Peraza acostumbraba decir que, si las ideas no se convierten en palabras, son malas ideas; si las palabras no se convierten en acciones, son malas palabras. Y que, con frecuencia, lo que se aprecia en el horizonte de los consumidores de información, es simple: malas ideas, deficientes palabras y peores acciones.

 

¿QUÉ SE REQUIERE?

 

Descubramos el agua tibia: Se necesita, con urgencia, una “conversión de las obras”, como bien lo califica un destacado pensador contemporáneo. Se trata, efectiva y eficazmente, de hacer obras nuevas, realizaciones con un profundo sentido humanista y contenido trascendente. Esto es, ser capaces de mirar más allá de la obra pública o los programas de asistencia social.

 

Si de verdad, los liderazgos políticos quieren en serio, el escribano reitera- transformar a este bendito país, se debe iniciar por una conversión de sentimientos, percepciones y emociones. Y no se trata de instrumentar modelos sentimentaloides o cursis como “la república amorosa”, sino de medidas eficaces, políticas públicas y visión de gobernanza verdadera, aplicada desde los sentimientos de cada persona y su puesta en escena por la comunidad.

 

CONVERSIÓN DE LOS SENTIMIENTOS

 

Un primer impacto: En expresión del Maestro Agustín Basave Fernández del Valle, entender que “no hay nada más democrático que, el ‘amaos los unos a los otros’”. De esta forma, la virtud de la compasión a favor de quienes menos tienen, menos pueden o menos saben, se aleja del clientelismo electoral, para dar paso a la virtud práctica derivada del espíritu de un buen samaritano.

 

De esta forma, las despensas dejarán de comprar conciencias, y las cobijas dejarán de alquilar voluntades, para poner encima de todo ello, el respeto fundamental a la dignidad de la persona humana.

 

CONVERSIÓN DEL PENSAMIENTO

 

En un segundo momento, a la conversión de obras y sentimientos, sucede necesariamente, la conversión del pensamiento. Como dijo certeramente el pensador: se trata de convertir “no lo que pensamos, sino de cómo pensamos”. Esto es, de un nuevo y disruptivo “estilo de pensamiento”

 

La pregunta es obligada: ¿pensamos con un estilo superior y trascendente de lo que nos rodea? o ¿pensamos con estilo meramente utilitarista, cortoplacista, convenenciero, manipulador y rastrero?

 

Dentro de esta misma conversión de pensamiento, se encuentra la urgente actitud de evidencia una sincera “Humildad por Aprender”, por encima de las descalificaciones, los señalamientos de deficiencias, y “las evidencias” que “demuestran” el nivel de estupidez de los demás contendientes. Se trata pues, de edificar. A los mediocres y frustrados les encanta destruir, no porque quieran lo que usted tiene, su pretensión es quitarle a usted lo que tiene.

 

Y esta propuesta conlleva una transformación de la actitud. Actitud que se traduce en evolucionar y dejar de resistirnos a asegurar que ninguno de los que nos rodean, tiene autoridad para corregirnos. Como actitud, la vanidad intelectual y la soberbia, son pésimas consejeras. Se le hace más caso al que trae más ruido, al que causa mayores dislates en las redes; al que nos divierte con sus múltiples ocurrencias.

 

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