Esta semana se celebra el día del niño en México, una fecha perfecta para hablar de un periodo histórico en el que la infancia y el crimen jugaron un papel importante no solo en su vida diaria, sino en su literatura: la época victoriana. Viajemos al Londres de finales del siglo XIX, los tiempos de Jack el Destripador, de Sherlock Holmes y de la desigualdad social oculta entre la niebla.
En 1839, Charles Dickens publicó una de sus obras más famosas: “Oliver Twist” que trata sobre un niño que entre otras aventuras que vive, se vuelve integrante de una banda de jóvenes ladrones comandados por un malvado hombre de apellido Fagin. Es Artful Dodger, un muchacho de 13 años y mano derecha de Fagin, quien instruye a Oliver en el mundo del delito londinense. En su momento la novela fue un éxito, porque narraba con total soltura lo que ocurría en las calles de la ciudad. Más que una obra de ficción, es un texto de denuncia social, pues describe no solo los delitos, sino todas las injusticias que enfrentaban los niños del siglo antepasado.
En el libro “Artful Dodgers : Youth and Crime in Early Nineteenth-Century London” escrito por Heather Shore, se habla a detalle de todo lo que le ocurría a los menores infractores en aquellos años. Por ejemplo, el delito más habitual era cometido por los “pickpocketers” o lo que hoy se conoce como carteristas. Muchos de ellos eran entrenados por adultos y enseñados por otros niños, ya que debido a la situación precaria de la época el hurto era un modus vivendi.
Uno de los criminales más destacados de la época victoriana fue Ikey Solomon, en quien Dickens se inspiró para crear a Fagin. Era uno de los muchos ejemplos del estilo de vida de la época, pues comenzó a dedicarse al delito desde los 9 años, gracias a que su padre le enseñó.
Lo cierto era que la justicia y la ley eran sumamente estrictos con los niños… incluso se excedían con crueldad.
EL PRISIONERO 4099 Y OTROS CASOS
En el Londres decimonónico, ese que hemos visto reflejado gracias a series como “Penny Dreadful” y películas como “Sweeney Todd”, se juzgaba a los niños con mano de hierro. Por ejemplo, había casos como el de Martha Herbert, una pequeña de 12 años que fue encerrada por robar un peine, o el de James Freeman, de 17 años, al que se le condenó a trabajos forzados por robar una hogaza de una panadería.
Un caso tristemente célebre fue el de William Towers. En 1872, tenía 12 años y vivía una situación precaria, por lo que decidió robar dos conejos para alimentar a sus hermanos. William fue arrestado y sentenciado a la prisión Wandsworth (una de las más infames de la época) siendo tratado como un adulto. Sobre su caso se puede escuchar el programa de radio “Prisoner 4099” en los archivos nacionales de Reino Unido.
No sería sino hasta 1908, con la promulgación de la “Children Act” que se juzgaría aparte a los menores de edad. Así de tétrica era la situación de los menores en la Inglaterra del siglo XIX.
Por lo general, en las novelas de la época los niños eran vistos como víctimas o como raterillos. Fue Sir Arthur Conan Doyle quien les dio otro enfoque en las aventuras de Sherlock Holmes, pues son “Los Irregulares” un grupo infantes de la calle quienes ayudan al detective a resolver sus casos… sin duda alguna, los libros de Holmes y Watson son el mejor regalo para este 30 de abril.
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