La vida social y política debe mejorarse y no legislar al vapor, por considerar que tal o cual institución no sirve para los fines que fue creada; es necesario hacer un examen sobre el funcionamiento de la actividad ciudadana.
Es evidente que no hemos avanzado parejo ante los progresos científicos y tecnológicos. Que las ciencias sociales, especialmente el derecho, ha sufrido una serie de modificaciones que, en muchos, casos no han apoyado la tendencia natural a vincular estrechamente la conducta social a los valores, de manera especial a la empatía, la solidad, la justicia y la equidad.
Que la persona humana, ha sido relegada por privilegiar derechos, como la libertad de expresión, sin su contraparte, la obligación de decir la verdad o, en su caso, proponer ideas juiciosas sobre la forma de recuperar la dignidad, como valor supremo en las relaciones interpersonales y de los ciudadanos con los distintos órdenes del gobierno.
Se avanzó considerablemente en el abandono a los derechos sociales, partiendo de la idea equivocada que el mercado regularía la vida social, orientándola a la justicia.
Las instituciones por buenas o adecuadas que sean, requieren del ciudadano militante y del cuidado del gobernante sabio. Hemos de reconocer la tendencia a la improvisación que genera el ejercicio patrimonialista del poder.
Contribuir a encumbrar ciudadanos a los cargos públicos, cuando no tienen las condiciones para desempeñarlo honrada y eficientemente, es una de las formas más eficientes para promover la corrupción.
Quien se desempeñe al servicio de una institución, debe propiciar su correcto funcionamiento. Pueden observarse casos en los que, a muchos beneficiarios con un generoso empleo, no les importa si la institución funciona o si su conducta acabará por aniquilarla. No son pocos los casos que la ligereza, por improvisación en el ejercicio de la función pública, cancelan instituciones que, correctamente administradas, serían de gran utilidad social.
Los partidos políticos, son instituciones a quienes los poderes fácticos pretenden destruir de formas muy diferentes. Entregarlos al mercado, no sería la mejor solución para lograr los fines que con ellos se pretende.
