BarbaraCuando los reclamos de periodistas se multiplicaron, era claro que los diputados locales tendrían que escuchar sus voces. Aun así, no mostraron voluntad por detener el proceso legislativo, dar marcha atrás, y sentarse a dialogar con ellos. Todo se encaminaba a votar una Ley de Protección a Periodistas y Defensores de Derechos Humanos sin el consenso de este gremio, una pésima señal.

La labor periodística es fundamental para la democracia mexicana. Ellos son los que dan voz a quienes no la tienen, y con su trabajo ayudan a las autoridades a poner atención para corregir lo que está fallando. Como en todo, hay vivales que se aprovechan de una acreditación para perseguir otros intereses, pero la inmensa mayoría son auténticos enamorados del “mejor oficio del mundo”, como diría el nobel colombiano Gabriel García Márquez.

Es triste que las voces auténticamente críticas sean silenciadas por poderes fácticos, y que el Estado esté fallando en protegerlos. Por eso la importancia de un marco jurídico que brinde herramientas de salvaguardas ágiles y efectivas, y que no sean inconstitucionales, como lamentablemente venía la Ley que el jueves se iba a votar.

La oportuna intervención de la Procuraduría de los Derechos Humanos de Guanajuato (PDHG), sumada al rechazo de un importante número de periodistas de varias partes del estado, fue suficiente para frenar lo que se convertiría en una Ley con múltiples deficiencias jurídicas.

Ahora, los diputados tienen la oportunidad histórica de establecer un diálogo con los representantes de los medios de comunicación y defensores de derechos humanos para juntos construir una Ley que verdaderamente responda al contexto nacional, y garantice el libre ejercicio de esta profesión.

La jornada de un periodista no es sencilla, pero es muy satisfactoria. Son invitados para presenciar en primera fila los acontecimientos históricos de la vida pública, y transmitirlos a la sociedad en general. Si quitamos ese elemento de la ecuación, la más perjudicada será la democracia.

Voltaire acuñó una frase que le da sentido a la relación de los periodistas con sus diversos interlocutores: “Podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”.

Los periodistas cumplen su parte: narran, describen, cuestionan, investigan los acontecimientos de interés público, pero la sociedad en general está fallando en defender hasta la muerte el derecho que tienen para contar sus historias. Quienes están muriendo son ellos, porque los estamos dejando solos.

¡Nos leemos la próxima semana!

ESCRIBE UN COMENTARIO