
Una multitud vestida de blanco, entre lágrimas y exigencias de justicia, despidió este lunes a Mateo Santiago, el niño de 12 años cuyo trágico fallecimiento ha conmocionado a la comunidad.
La Catedral Metropolitana de León fue el escenario donde familiares, amigos y ciudadanos se unieron para honrar su memoria en una emotiva ceremonia religiosa.
Desde temprana hora, una multitud comenzó a congregarse en las inmediaciones de la Catedral. Familias enteras, grupos de amigos, compañeros de escuela, personas de todas las edades, unidos por el dolor y la solidaridad, llegaban con globos blancos y fotografías de Mateo.
El dolor por la pérdida de Mateo era palpable en cada rincón de la Catedral. Rostros llenos de lágrimas, abrazos que buscaban consuelo y un silencio que, por momentos, se quebraba con sollozos desgarradores.
María Teresa, con una fortaleza admirable, se dirigió a los presentes con palabras llenas de amor para su hijo: «Mateo, mi amor, siempre estarás en mi corazón. Vuela alto, mi niño», expresó entre lágrimas.
«Gracias a todos por acompañarnos en este momento tan difícil». Su voz, a pesar del dolor, transmitía la gratitud por el apoyo recibido en estos días de angustia e incertidumbre.
Al finalizar la ceremonia religiosa, mientras los asistentes se acercaban al féretro para dar el último adiós a Mateo y expresar sus condolencias a sus padres, dos mujeres se colocaron de pie a unos metros del ataúd del pequeño y alzaron dos cartulinas blancas con la frase «Los niños no se tocan», escrita en letras negras y grandes.
Un mensaje que se convirtió en un grito de protesta contra la violencia infantil y un llamado a la justicia para Mateo.
El cortejo fúnebre, una impresionante manifestación de dolor y solidaridad, avanzaba lentamente por el bulevar Adolfo López Mateos.
A la cabeza, la carroza que llevaba los restos de Mateo, seguida por una larga fila de vehículos que se extendía por varias cuadras.
El sonido de los claxons, en lugar de ser un gesto de impaciencia, se convertía en un lamento que acompañaba el paso del cortejo.
Desde las aceras, la gente observaba con respeto y tristeza; muchos se unían a las consignas de justicia, mientras que otros, conmovidos, se limitaban a observar en silencio el paso de la multitud que despedía a Mateo.
El ambiente en el panteón Jardines del Tiempo era desolador. Decenas de personas se congregaron en el camino principal del cementerio que recorrería Mateo hasta llegar a la tumba en busca de su descanso eterno.
Las consignas «¡Se ve, se siente, Mateo está presente!» y «¡Justicia para Mateo!» resonaban con fuerza, mezclándose con los llantos y sollozos de los presentes.
Muchos de los presentes eran adolescentes, compañeros de escuela de Mateo, quienes, visiblemente afectados, se abrazaban entre sí buscando consuelo y despidiendo a su amigo con profundo pesar.
El momento de la despedida final llegó acompañado de las notas melancólicas de una banda de viento. Las melodías llenas de sentimiento creaban una atmósfera de profunda tristeza, que culminó con la emotiva canción «Te vas ángel mío» de Cornelio Reyna.
Mientras la música resonaba en el panteón, globos blancos, símbolos de la pureza e inocencia de Mateo, se elevaban hacia el cielo llevando consigo mensajes de amor y despedida escritos por sus seres queridos.
El féretro blanco descendía lentamente a la tierra, mientras los padres de Mateo, con el corazón destrozado, se aferraban a la última esperanza de que todo fuera una pesadilla. Los presentes, conmovidos por la escena, no podían contener las lágrimas.
Algunos se abrazaban buscando consuelo, otros dirigían sus miradas al cielo en un intento de encontrar respuestas a esta tragedia incomprensible.
La imagen de los padres de Mateo, inconsolables ante la pérdida de su hijo, era un reflejo del dolor que embargaba a toda la comunidad. En ese instante, la impotencia y la tristeza se unieron en un lamento que parecía no tener fin.
Mateo seguirá vivo en el recuerdo de quienes lo amaron y compartieron momentos con él. Sus risas, su alegría, su inocencia, quedarán grabadas para siempre en los corazones de sus padres, familiares, amigos y maestros.