
Desde 1979, una familia en Dolores Hidalgo mantiene viva una tradición que combina sabores, identidad y memoria: la elaboración artesanal de nieves y paletas. Detrás de este legado está Antonio García Díaz, un hombre que aprendió el oficio en el Estado de México y que, con el paso de los años, convirtió su pasión por las nieves en una forma de preservar los sabores de Guanajuato.
La historia comenzó cuando Antonio García Díaz, originario de Tacátzcuaro, Michoacán, aprendió el oficio de nevero en el Estado de México. Posteriormente llegó a Dolores Hidalgo, donde continuó trabajando en una paletería junto con uno de sus cuñados.
Fue en 1979 cuando decidió emprender su propio negocio junto con su esposa, dando origen a Helados Finos La Flor de Dolores, establecimiento que permanece hasta la fecha en el centro de Dolores Hidalgo.
María Teresa García Moncada, hija de Antonio, recuerda a su padre como un hombre entregado por completo a su trabajo.
“Él siempre decía que todas sus nieves él las hacía con amor”.
Su jornada comenzaba desde las cinco de la mañana para preparar las nieves y tenerlas listas para los clientes. Esa disciplina, explicó, fue parte fundamental de una trayectoria que con los años llevó los sabores de Dolores Hidalgo más allá de Guanajuato.
Uno de los momentos más importantes ocurrió en 2014, cuando Antonio fue invitado a participar en la Feria Internacional del Turismo, celebrada en Madrid, España. En aquella ocasión llevó sus nieves a una cena de gala en la que estuvieron presentes los reyes de España.
Entre los sabores que presentó se encontraba el garambullo, una fruta de cactus representativa de Guanajuato, así como una nieve de tequila con xoconostle que recibió el nombre de José Alfredo Jiménez.
Para 2019, Antonio decidió adoptar el nombre de “Maestro Nevero”, como reconocimiento a los años de trabajo, los logros alcanzados y su participación en diferentes ferias y eventos nacionales e internacionales.
Sin embargo, en 2021 falleció, dejando detrás no solamente un negocio, sino una tradición que su familia decidió continuar.
“Él aquí dejó su legado”, recuerda María Teresa.
La siguiente generación tomó la decisión de mantener vivo ese conocimiento. En 2023, María Teresa y su hijo llegaron a León para llevar los sabores creados por Antonio a nuevos públicos. Su hijo, ingeniero industrial, decidió dejar de lado su profesión para continuar con el trabajo que había comenzado su abuelo.
La preservación de esta tradición no se limita a mantener la forma artesanal de elaborar las nieves, sino también a conservar ingredientes y sabores vinculados con la región.
Entre las especialidades se encuentran nieves elaboradas con frutas de cactáceas como garambullo, borrachita, tuna verde y tuna roja o tuna cardona. También están los sabores que Antonio desarrolló a lo largo de su trayectoria, como el mantecado dolorense, el tequila maestro, la lavanda y el de flor de jacaranda.
La variedad cambia de acuerdo con las temporadas del año. Para septiembre preparan sabores relacionados con las fiestas patrias; en octubre y noviembre llegan las nieves de flor de cempasúchil, calabaza y pan de muerto; mientras que en diciembre aparecen opciones como ponche y ensalada de manzana.
De esta manera, cada temporada se convierte también en una oportunidad para rescatar ingredientes, aromas y sabores tradicionales.
María Teresa reconoce que su padre no fue el pionero de las nieves en Dolores Hidalgo, pues recuerda a don Victorio como uno de los primeros neveros de la ciudad, con más de un siglo de tradición. Después llegaron otros nombres como el señor Rico y Miguel Pérez.
Sin embargo, la historia de Antonio García Díaz se convirtió en parte de esa tradición que ha pasado de generación en generación y que hoy continúa en manos de sus hijos y nietos.
Desde aquel primer negocio de 1979, cuando las fotografías muestran una pequeña infraestructura dedicada a preparar paletas y nieves, hasta la actualidad, la familia ha sido testigo de la transformación de este oficio.
Para María Teresa, mantenerlo significa mucho más que continuar con una actividad comercial: representa honrar el trabajo de su padre y evitar que los conocimientos que adquirió durante décadas se pierdan.