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Maestras y Maestros

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Reciban nuestro cariño y admiración porque a todos en México nos dieron enseñanza y amor.

Todos los pueblos del mundo, incluyendo el nuestro, tienen un grado de cultura importante a través de la educación en la que seres importantes, mujeres y hombres, dedican su vida para proporcionarnos la educación necesaria para adquirir los conocimientos, desde que tenemos poca edad siendo niños y conforme pasan los años y crecemos el nivel de estudio va a avanzando en primaria, secundaria, preparatoria y posteriormente en los institutos y universidades.

Hay una ley en la que el gobierno tiene la obligación de proporcionar la educación gratuita a todos los mexicanos, lamentablemente hasta ahora no se ha cumplido y la carencia de instalaciones adecuadas hacen más difícil que los maestros puedan impartir las clases y los niños puedan recibirlas. Existen también las escuelas privadas y hay una diferencia enorme en costos de inscripción, mensualidades y calidad de educación con la que se proporcionan las clases en estos centros educativos.

Esta vez queremos resaltar que todo esto se debe a que hay millones de maestros, mujeres y hombres, que tienen como objetivo la enseñanza dando lo mejor de su vida y es una profesión tan noble que las maestras y maestros acaban por amar tanto a su profesión como a sus alumnos. Ciertamente como en todos los países hay colegios que imparten una mejor educación a un costo mayor, pero tenemos en nuestro México centros educativos de gran prestigio internacional casi gratuitos como son la UNAM y el IPN principalmente, pero hay otras muchas más que por falta despacio no alcanzo a citar.

Esto es el panorama actual, pero hubo un tiempo diferente hace muchos años aquí en León, estamos hablando por lo menos en mi caso que relato, pues ya pasaron más de 80 años y aquel entonces no había escuela normales; el México de mis ayeres, que parece que solamente algunos antiguos lo recordamos, sufrieron grandes carencias para poder impartir sus clases, pero lo que si podemos decir es que aquí en León se recuerda con mucho cariño y agradecimiento aquellas maestras que estuvieron en aquellos tiempos y que entregaron lo mejor de su vida a los alumnos.

Hablo de los años 1940 y 1950, que me tocó vivir intensamente y en aquel escenario existían muy pocas escuelas. En 1940 inicie mi vida escolar en la que se denominaban párvulos y tengo un amigo que tiene una memoria similar a la mía en la que cursábamos los denominados párvulos y me refiero al Doctor Daniel Malacara.

La escuela se llamaba José María Velázquez y su directora Jovita Medina Hernández, era originaria de Lagos, pero que desde muy pequeña vino a León y empezó su carrera a muy corta edad. Recuerdo con cariño, respeto, admiración y gran amor a mis maestras, encabezadas por la Srita Jovita Medina, Angelita Varela, Lolita Medina, Conchita López, Juanita Aranda y varias más. Yo continue mi carrera hasta recibirme en la UNAM, pero mi primera escuela nunca la olvidaré.

Cuento esto porque quiero agradecer a la Srita. Jovita Medina Hernández, tía abuela mía, que me dio su gran cariño y me hizo sentir ahora que fue mi segunda madre, pero muchos miles de alumnos pasaron por esos tiempos, porque ella cumplió 70 años impartiendo sus clases en el colegio y los últimos 7 años nunca faltó aún después de que sufrió una penosa enfermedad, hemiplejia, que le impedía el movimiento del brazo y pierna izquierda pero los últimos 7 años de su magisterio estuvo en silla de ruedas pendiente de la educación hasta su muerte.

Una mujer de carácter fuerte, pero justa, cariñosa cuando era necesario y con entrega total a una calidad de educación que todo mundo recordamos y que fue perseguida su escuela al grado de que una vez en tiempo del Presidente Calles, que prohibía la enseñanza católica, entraron los soldados y le quemaron los pupitres y destruyeron parte de la escuela. Una mujer de carácter tan férreo que a los dos meses la reconstruyó e inició de nuevo las clases.

Debemos de resaltar también con mucho respeto y admiración a la Srta. Josefina Camarena, en tiempos contemporáneos, que tuvo una escuela en la que miles de exalumnos todavía la recuerdan por su gran capacidad para dirigir la escuela y brindar una calidad de educación bastante grande.

Hoy rindo respeto no solamente a estos ejemplos que di, sino también a los millones de maestros que están trabajando en condiciones muy difíciles porque sus escuelas no tiene lo necesario y los que dan clases en las zonas rurales, que hay que ver que clases de sufrimientos tienen para poder impartir educación en condiciones muy duras, estoy seguro que Dios tiene en cuenta los esfuerzos y tendrá la debida recompensa para todas las maestras y maestros, pues hay miles en todo México que cumplieron más de 30 y hasta 50 años impartiendo clases.

De verdad, los maestros se enamoran de su profesión y entregan con amor su conocimiento.

Termino con una oración en recuerdo de todos y cada uno de los maestros que han formado a México, a pesar de las carencias que todavía nuestro país está sufriendo.

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