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LUSTRAN LA VIDA DE LEÓN

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En el Centro Histórico de León Guanajuato se encuentran unos seres inigualables que guardan miles de historias.

Se pueden hallar justo en la Zona Peatonal, entre vendedores ambulantes, aromas de comida, niños riendo y correteando palomas, personas disfrutando de una charla o frituras con salsa en las bancas de metal o alrededor de las jardineras.

Día con día se dedican a observar y escuchar las peripecias que sólo un lugar como el Centro Histórico te puede dar: Los boleros.

Todos los días de la semana y sin horarios fijos, unos cubos de metal alrededor del kiosco son transformados de una simple caja a un taller de trabajo.

En esas pequeñas cápsulas los lustradores de calzado se dedican a cuidar y limpiar aquellos accesorios que muchos, entre el ajetreo del día, no se dan cuenta que han desgastado o ensuciado.

Algunas personas los llevan calzados, otras en varias cajas guardados, pero el resultado siempre es el mismo, de ser un zapato sucio y dañado pasan por las manos de estos hombres dedicados, y no quedan rastros de las pisadas del pasado.

NOBLE LABOR

Entre los boleros se encuentra don Antonio Nieto, quien con una sonrisa y una buena música está dispuesto a contarte una historia para aportarle sabor a tu día o dejar como nuevos tus zapatos de piel.

El hombre de San Luis, que desde chico apreció el oficio de los boleros, salió un día de su casa sin dinero, y después de limpiar unos pares regresaba con una buena cantidad de dinero, que a sus 6 años de edad era como recibir la lotería.

Por las manos de don Antonio han pasado los zapatos de algunas personas que por desgracia han fallecido, entre ellas el político Nabor Centeno, el secretario de Gobierno Martín Huerta, y el cantante Valentín Elizalde, que para su gusto no era el más afinado.

Don Antonio aprendió este oficio a una corta edad y ha laborado en distintas ocasiones de su vida como bolero.

Con el tiempo fue conociendo la técnica perfecta para que ningún tipo de piel le fuera contrincante.

Él sabe bolear cualquier piel que le pongan enfrente y con orgullo agradece su trabajo pues con éste sacó adelante a su familia.

Considera su oficio el más noble, pero su trabajo más importante es el de ser un padre constante, pues sabe que las sirenas rondan los oídos de los jóvenes.

Dice que el mal ambiente afecta a los adolescentes y los lleva hacia un entorno propicio para caer en las drogas.

Como padre de familia aconseja a los jóvenes a no dejarse llevar por las influencias que su círculo social puede ejercer en ellos.

Es un gusto para él dar ejemplos de vida a todo aquel que cae en su cápsula de trabajo.

Don Antonio no acepta que lo fotografíen pues considera que él no es un hombre que necesite atención de nadie, y prefiere dejar marca con sus valiosas palabras y no con su imagen.

Su trabajo y compañía son suficientes para ser recordado.

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