miércoles, septiembre 2, 2026
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Los hermana la música y el baile

Música, baile y hermandad formaron una gran fiesta que tuvo como escenario el Teatro del Bicentenario Roberto Plasencia Saldaña el domingo por la noche, The  Orchestra of the Américas armó una celebración especial, jóvenes músicos de 25 países representaron a un mismo continente.

Bajo la dirección de Carlos Miguel Prieto, la orquesta integrada por 90 músicos de entre 18 y 23 años, procedentes de 25 países, dio un concierto que dejó al público impresionado, el recital programado para que tuviera una duración de una hora y media, se prolongó a tres horas, los últimos  minutos fueron exquisitos. Cabe destacar que la  agrupación cuenta con la asesoría artística de Placido Domingo.

Además de la Orchestra of the Américas, participó la mezzosoprano Alejandra Gómez Ordaz y el vistoso violinista Gil Shaham.

El concierto inició con el interludio y danza de la ópera “La vida breve” de Manuel de Falla, basada en el libreto de Carlos Fernández Shaw. La dirección de Miguel Prieto le dio un toque diferente a la pieza que sonó imponente, y eso se debe en gran parte a la acústica con la que cuenta el teatro.

Para interpretar el Concierto para violín de Re mayor, Op.61 de Ludwing van Beethoven, el violinista israelí, con nacionalidad estadounidense, Gil Shaham intervino con su talento en los tres movimientos que componen el tema, siendo el Larguetto y el Rondó. Allegro, en donde se dejó escuchar porque es uno de los más destacados en la actualidad.

Al término de la pieza el aplauso de la gente no pudo esperar, el violinista regalo tres piezas más al público en compañía de la joven maestra concertino Aubree Oliverson.

Entre España y América, un cierre como pocos.

Con el ballet del Sombrero de  tres  picos del español Manuel de Falla culminaría el programa del concierto, la intervención de la mezzosoprano Alejandra Gómez Ordaz complemento la pieza en la que destaca el sonido de las castañuelas, el triángulo, xilófono, tambor, bombo, entre otros, incluso las palmas y voz de los integrantes de la orquesta son parte de la interpretación.

El fuerte aplauso del público agradeció la interpretación de que acababan de escuchar, al mismo tiempo, el director Carlos Miguel Prieto expresaba que esa noche faltaba algo, tocar música mexicana,  sin decir el nombre y dejando que los escuchas se dejaran llevar por la grandeza de los acordes del Huapango de Moncayo.

Las percusiones dieron una muestra de samba, Brasil se hacía se presente, el público se paró de sus asientos, aplaudían y algunos hasta bailaban, uno de los músicos se puso en el lugar del director y bailó con la bandera brasileña en sus manos, el ambiente estaba en su punto; Venezuela también hizo lo propio.

Eso sí, cuando llegó el turno de los mexicanos la emoción de la gente se hizo palpable, y es que los primeros acordes de “El son de la negra” puso al público en un estado de euforia, la emoción era tal que Carlos Miguel Prieto se puso a tocar el violín para acompañar a los jóvenes mexicanos que eran acogidos por unos escuchas que no dejaban que el ánimo decayera.

En el escenario banderas de 25 países ondeaban en manos de jóvenes músicos talentosos, orgullo de un continente multicultural que hizo al Teatro del Bicentenario pasar una noche inolvidable.

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