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Logran reformarse gracias al teatro

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Métodos para reinsertar delincuentes en la sociedad hay muchos. Para algunos, es la amenaza y el castigo, pero para otros, como el maestro Jorge Correa Fuentes fue nombrado por la UNESCO como director de Teatro Penitenciario, lo es el arte, los escenarios, la actuación y los libretos.

Correa estuvo en León durante el marco del XII Simposium Mundial de Criminología y Criminalística, organizado por la Universidad Humani Mundial. Él no sólo es una autoridad en el tema de teatro tras las rejas, sino que es el padre de este tipo de arte. Él cree firmemente en la reinserción de los criminales  en la sociedad, así como el hecho de que puedan reformarse. Para lograrlo, se ha valido del teatro.

Originario de Guanajuato, Correa reconoce que en el estado se siente como en casa. Durante su visita a León, se le invitó a hablar del teatro en lugares como el Centro de Readaptación Social y otros lugares tras los muros y las rejas.

“Empezó como terapia ocupacional, en 1983, sólo era por mero entretenimiento y distracción. Se programó así y con el paso del tiempo se fue haciendo obligatorio”, recuerda el maestro. Primero empezó como una actividad lúdica sin muchos elementos, pero después tuvo auge y ahora es una realidad y política pública. El concepto del teatro penitenciario está basado en el Artículo 18 constitucional, que dice que la pérdida de la libertad física, no implica la pérdida de la libertad de expresión.

Originalmente, el teatro comenzó a hacerse “adaptando” las historias de los internos. Todos son “PPL”, que es como se le llama a las “personas privadas de la libertad”: los escritores, los actores, etcétera. Eso marca una evidente y gran diferencia del teatro que se hace fuera de la cárcel, así como otros tipos de teatros penitenciarios, en los que se montan obras de grandes dramaturgos de la literatura universal, y no las vivencias de los internos.

“Se cuenta todas las tragedias y el drama del interior de la prisión” dice Correa. “Lleva un enfoque criminológico, pero también es totalmente artístico. Utilizamos el teatro para ayudar al interno, es para que sienta una catarsis y un sentimiento de liberación. Se trata de generar un sentimiento en el público, que también son internos”.

“Si les puedes tocar el alma por medio del teatro, ya la hiciste. Estoy convencido que con el arte se logra un cambio total con estas personas. Para eso nació el teatro penitenciario. Yo no les puedo abrir las rejas físicas, pero sí las del corazón, la mente y el espíritu”, concluye Correa.

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