Las dos lo supieron un día cualquiera y sus vidas cambiaron para siempre. Amalia vendía tamales y un día amaneció con las piernas tan hinchadas que tuvo que ir al médico de urgencia. Estefanía estaba trabajando como médica en un hospital y tuvo síntomas parecidos, aunque más graduales: frecuente hinchazón. Decidió hacerse laboratorios y cuando vio sus resultados, nadie se lo tuvo que decir, tenía lo mismo que Amalia: una falla renal.
Una falla a tal grado que necesitaron hemodiálisis para sobrevivir. Las dos comprendieron que el dinero para una enfermedad renal nunca es suficiente.
Después de 7 años de hemodiálisis dos, a veces tres por semana, cuyo costo es de 1,300 pesos aproximadamente cada una, la economía en la familia de Amalia estaba más que dañada. Su hijo tuvo que dejar la escuela para ponerse a trabajar, ella misma aprovechaba los días en que se sentía mejor para hacer sus ventas.
A Estefanía le pasó lo mismo: perdió el trabajo y su seguro, su hermano le donó un riñón, pero para eso pasó un año y medio; mientras, se las arregló como pudo y con ayuda de la familia.
Al final, ambas recibieron su trasplante.
Después de la cirugía las dos deben tomar inmunosupresores el resto de su vida para evitar un rechazo al órgano que recibieron, con un costo aproximado de 16 mil pesos.
Aquí es donde el programa “Cuidando mi trasplante”, apoya a los receptores de un riñón con un año de inmunosupresores gratis.
“Este programa les da mucha tranquilidad, porque saben que no van a tener que batallar o desembolsar cantidades fuertes de dinero, sobre todo durante su primer año, les da mucha paz saber que se está cuidando su riñón, que no lo van a perder por falta de medicamentos. Porque están pasando por una situación económica que sabemos es difícil para todos”, asegura Rodrigo López Falcony, director del Centro Estatal de Trasplantes de la Secretaría de Salud del Estado de Guanajuato.
Setenta pacientes reciben este apoyo; sin embargo, comenta el médico López Falcony, esperan llegar a 100 o 120 para diciembre. Cada familia ahorra en promedio 200 mil pesos en ese año que “Cuidando mi trasplante” les brinda apoyo.
“Es una gran ayuda, nadie ve la parte económica y de qué manera impacta cuando hay una enfermedad así, pero yo lo digo bien orgullosa: recibo el apoyo del Gobierno del Estado. No sé si en otro lado los den, pero aquí, me ayuda muchísimo a no preocuparme por algo en lo que me recupero para seguir buscando trabajo”, afirma Estefanía.
Amalia siente lo mismo: “Es un año en el que, con el apoyo, me estoy recuperando y cuando ese año termine, pues a seguirle por mí cuenta, pero ya me siento bien para trabajar”.
Ambas se sienten seguras con el apoyo que reciben en su primer año de trasplante, que les permite planear su futuro en esta nueva oportunidad que les da la vida.
Les dan las píldoraspara su trasplante
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