Mañana será Viernes de Dolores, y en muchos de los barrios más antiguos y tradicionales de León, se alzarán los Altares de Dolores, dedicados al luto de la Virgen por el destino de Jesús. Se trata de una de las tradiciones más antiguas del catolicismo, que en León cobra especial importancia.
Incluso, en el Archivo Histórico Municipal se llevará a cabo la presentación de su altar, el viernes 11 en punto de las 14:00 horas, que ya se ha convertido en un evento habitual de dicho recinto.
De acuerdo al número 75 de la revista ‘Tiempos’ (la publicación del archivo histórico dedicada a divulgar la historia municipal) de marzo-abril del 2003, se detalla la importancia de este altar para la cultura leonesa.
“Los altares se colocan desde la casa más humilde hasta la más lujosa. Refleja los siete dolores que padeció la Virgen María”, es como, de manera muy resumida, lo explica Carlos Arturo Navarro, quien fuera el cronista de la ciudad antecesor de Luis Alegre.
“Según la historia de León, el Viernes de Dolores ha sido motivo de expresión respetuosa, pero también de pintorescas y bullangueras alegrías por las maneras de organizar el acontecimiento”, apunta Navarro.
Navarro explica que la devoción a la virgen es habitual en todos los mexicanos, y respecto a los 7 dolores, son: la huida a Egipto, la pérdida del niño por tres días, el camino del Calvario, la Crucifixión, la muerte de Jesús, cuando lo entregan en sus brazos, y el duelo tras dejar a su hijo en el sepulcro. Los altares tienen un escalón hasta siete, simbolizando lo anterior, destacando la imagen de la virgen. Las flores, el papel picado, son otros de los simbolismos.
Es costumbre dejar abiertas las puertas de los hogares donde se alzan los altares, para que cualquier persona lo visite. Acto seguido se pregunta:
“¿Ya lloró la Virgen?”
Cuando la respuesta es afirmativa, se reza y se ofrece agua de sabores. Esta tradición continúa en pie.
