El 23 de abril del 2009 se decretó la alerta sanitaria por la Influenza AH1N1 que motivó un protocolo de prevención con lavado de manos, uso de cubre bocas y medidas complementarias como evitar el saludo de mano.
Hoy, casi once años después, los leoneses evocan aquél periodo que alcanzó ejemplares medidas de protección por parte de ciudadanos que siguieron al pie de la letra el exhorto de la Secretaría de Salud Federal.
El escenario tiene una analogía con el momento actual que exige protocolos de prevención ante la detección de los primeros dos casos confirmados de coronavirus en México que han encendido los focos amarillos.
Por este motivo los leoneses a quienes les tocó vivir aquella etapa de alerta sanitaria con motivo de la influenza, hoy hacen un espacio comparativo y para recordar pasajes como la suspensión de clases, uso generalizado de cubre bocas y extremados cuidados de lavado de manos.
“Yo le platico a mi hija (de nueve años) que en esa etapa de la influenza hubo preocupación, pero no alarma, la gente se ocupó de atender las recomendaciones que mandaban los doctores”, dijo Adriana, leonesa.
Ahora, con la prevención para el coronavirus, se exhorta a llevar medidas de protección muy similares a las de hace once años, pero lo más importante: sin caer en alarma o situaciones de pánico.
2009, TIEMPOS DE INFLUENZA
En la hemeroteca de El Heraldo de León se consigna paso a paso la historia de cómo se vivió el protocolo de prevención de la Influenza AH1N1 y que viene al escenario de semejanza con motivo de la aparición del Covid-19.
El leonés Ángel Córdova Villalobos fungía como secretario de Salud Federal y encabezó la cruzada de cerco sanitario para evitar la expansión de la pandemia a través de decisiones como la suspensión eventual de clases en todos los niveles del sector educativo.
Al cierre de abril del 2009 se tomaron medidas emergentes que continuaron durante varias semanas. Estas son las notas más relevantes de ese periodo crucial:
PARAN LABORES
El primero de mayo se publicó la nota de que la burocracia de León había parado labores secundarias y que sólo estaría activa las Secretaría de Seguridad Pública y otros ramos esenciales de la administración municipal.
EL PUENTE DE LA INFLUENZA
El primero de mayo se decretó el puente de la influenza con un paro nacional desde el primero al cinco de mayo. Ese mismo día la Secretaría de Salud anunciaba un rebote de la influenza a causa de la impredecible mutabilidad del virus.
PRIMEROS DOS CASOS
El dos de mayo se publicó la aparición de los primeros tres casos, dos de los cuales fueron detectados en León y, ese mismo día, en el Aeropuerto Internacional del Bajío se decretó cancelar pasajes a “sospechosos”.
SE ALEJA CLIENTELA
El 3 de mayo se consignó que los tianguis y los mercados quedaron vacíos por temor de la gente al contagio del virus. Lo mismo ocurrió con antros y restaurantes, luego que la Secretaría de Salud decretó un forzoso cierre como parte de la emergencia sanitaria.
SÍ A LOS ALIMENTOS
El 4 de mayo la Secretaría de Desarrollo Económico Sustentable del estado publicó un desplegado para exhortar a las empresas suspender o disminuir su producción hasta el 6 de mayo como lo estableció el Comité Estatal de Seguridad en Salud.
BAJAN DE LA “ORUGA”
El 5 de mayo una nota dejó en claro que, ante la emergencia sanitaria, las personas ni siquiera subieron al transporte público que se demostró con una fotografía donde se aprecia a una oruga semivacía.
CAMPAÑAS EN “CUARENTENA”
El 6 de mayo se conoció que de manera gradual regresarían los estudiantes a sus escuelas y que a partir del 11 de mayo las campañas políticas, entonces suspendidas, podrían regresar a la actividad. En ese tiempo Ricardo Sheffield contendía para la alcaldía de León.
DE ALTO COSTO
Habían pasado 17 días después de decretada la emergencia sanitaria y, el 6 de mayo el Gobierno Federal anunció que el costo por los efectos del virus de la influenza alcanzaría entre los 20 a 10 mil millones de pesos.
DESENLACE
La segunda quincena de mayo la gente comenzó a retirar de su faz el cubre bocas, los cines volvieron a tener espectadores, los antros volvieron a su bullicio, los burócratas a su oficina y siguió la normalidad.
Siguió la “normalidad” pero quedó la cultura del uso de gel y, en la mayoría de los casos, del lavado continuo de manos.
