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LE PONEN SABOR A LA HERENCIA

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La tranquilidad de un domingo por la tarde, 6:30 y los faroles se empiezan a iluminar.

Las campanadas del templo como música de fondo, sonando a la par de familias riendo y niños jugando a través del parque, escondiéndose entre bancas y el recurrente vendedor de algodones de azúcar.

Alrededor, a lo largo de las calles de San Juan de Dios, permanecen ya desde hace tiempo las famosas neverías de la zona. De izquierda a derecha, de esquina a esquina, recorren la calle Ignacio Altamirano.

En la orilla zurda empieza el recorrido; la nevería “Don Nacho” que presume con barbilla en alto sus carteles de bienvenida y en los que se leen: “Tenemos una tradición de más de 80 años”.

Dos locales a su derecha, “Don Toño”, que posa con historia en este barrio desde el año 1961.

El clima es fresco, es noviembre y hace tan sólo unas horas llovió, y sin embargo, las familias se forman y esperan ser atendidas.

Los niños con suéteres que los envuelven de pies a cabeza, las madres los cargan en brazos y los padres toman sus pequeñas manos como guiándolos al camino que sus propios padres les enseñaron, como si el mayor acervo que les dejarán fuera la tradición de San Juan de Dios.

Frente al parque se encuentra “Sorvete Vicfran” y a sus lados la célebre La Garrafa en más de tres locales continuos. “Nieve artesanal” cuelga en sus carteles, seguido de un listado interminable de sabores, que van desde las nieves dulces con leche y las aciditas hechas de agua. Cajeta con nuez, beso de ángel, de cenicienta, del diablo, queso, queso con zarzamora, pay de queso, nuez, mamey, piñón y tres leches se lee en sus afiches.

Todo tipo de sabores y colores recorren los populares botes de madera y metal que resguardan las gloriosas nieves.

Las familias beben sus nieves, y esperan la campanada final que anuncia la misa de las 7:00; como ritual dominguero, como tradición de por vida.

El recorrido termina casi al final del parque, donde en contra esquina del cruce peatonal permanecen con una tradición de más de 100 años las nieves “Don Marcos e Hijos”.

Un local pequeño comparado con la historia que alberga, que se rumora entre los locales son las más antiguas de la zona.

Atiende don Rosalío Hermosillo Estrada, el amable hijo de don Marcos, y cuenta con la mirada iluminada por los recuerdos del pasado, cómo su abuelo inició esta tradición.

Su padre fue quien empezó a comercializar las nieves, bajo receta del abuelo las vendían por las calles en un triciclo.

El origen se remonta a dos simples botes que trasladaban por el barrio. Cuenta don Rosalío que el gobierno en esos tiempos permitía vender sin licencias, ni permisos, ni más que las simples ganas de ofrecer un buen producto.

Al finalizar su historia ofrece una nieve de limón, la cual narró, fue el primerísimo sabor de nieves de San Juan.

La noche se abría paso entre la gente, y el frío se arrimaba.

De tanto calor te llena el leonés, su cariño por la historia y su latente identidad por los barrios, que hasta la gripa que en un inicio presentí que tenía, pareció curarse con lo que fue un Domingo lleno de herencia y folclor.

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