El manicomio de La Castañeda se ha convertido en una de las leyendas más siniestras en la historia de México. El trato negligente y criminal a sus pacientes, así como sus macabras anécdotas han quedado registradas no solo en textos de psiquiatría, también en pinturas y literatura.
Esta es la historia del manicomio que fue comparado con “las puertas del infierno”.

DE HACIENDA A PSIQUIÁTRICO
La Castañeda fue inaugurada un primero de septiembre de 1910, en presencia de Porfirio Díaz y toda la alta sociedad de su tiempo. El modelo arquitectónico fue emulado de Charenton, otro famoso manicomio de Francia donde estuvo internado el Marqués de Sade, y se contempló como un ejemplo de modernidad, ciencia y vanguardia. El terreno era una hacienda pulquera y fue cedido por Ignacio Torres Adalid, empresario y amigo de Díaz.
Desgraciadamente todo quedó en el arranque, pues la Revolución Mexicana comenzó dos meses después. Este fue uno de los muchos factores para convertir La Castañeda en un lugar de pesadilla, sumido en la precariedad.
En su momento llegó a albergar hasta a 3 mil 300 internos. Para acumular más enfermos, el personal decidió retirar las camas, de modo que se dormía en el suelo, entre vómito, excremento, ratas y cucarachas. Los electroshocks, los golpes, los baños con agua helada como castigo y el maltrato eran la moneda de cambio de todos los días. Lo peor del caso es que a veces remitían a las personas al manicomio sin haber expedido ningún certificado médico de manera previa, sobre todo en casos de indigentes que optaban por auto internarse. En el documental sobre el tema producido por Once TV, se recuerda que los enfermos tiraban una bolsita con un hilo desde la planta alta del sanatorio para que los paseantes les pusieran comida.
En un principio encerraron a personas con padecimientos mentales, pero luego fueron indígenas, trabajadoras sexuales, homosexuales y todos aquellos que se salieran de lo que se consideraba como “normal” a principios de siglo XX. Muchos de los pacientes ni siquiera tenían trastornos mentales, sino que habían sido abandonados a su suerte por sus familiares.
En 1968, a pocos meses de que empezaran las Olimpiadas, Gustavo Díaz Ordaz implementó la llamada “Operación Castañeda” cerrando definitivamente el lugar. Los internos fueron trasladados a diferentes puntos de la República Mexicana, dando fin a la pesadilla.
Hoy, donde estuvo La Castañeda se encuentran las Torres de Mixcoac.

LLEGAN A LEÓN
Lo que quizá muchas personas desconozcan, es que 29 de los internos de La Castañeda fueron transferidos a San Pedro del Monte, famoso centro psiquiátrico de León que hoy en día se conoce como Centro de Atención Integral a la Salud Mental, donde mejoraron notablemente su situación. De acuerdo con información de la Secretaría de Salud de Guanajuato, en febrero de 2018 falleció uno de los tres últimos pacientes. Su nombre era Gabriel Herrera Sosa, quien nació un 10 de diciembre de 1927, a los 90 años de edad.
El tema ha inspirado a grandes mentes creativas mexicanas. Un ejemplo es José Luis Cuevas, quien pintó a varios de los locos, y la genial escritora Cristina Rivera Garza, quien ha escrito el ensayo homónimo sobre el tema y la novela “Nadie me verá llorar”. También está el caso de la banda de rock del mismo nombre.
No cabe duda que La Castañeda tiene tantas historias como recovecos en sus lúgubres pabellones.

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