
“Yo me acuerdo que cuando iba, el agua del manantial me llegaba al hombro, cabían en cada uno de los dos manantialitos aproximadamente 10 personas, y había un señor que cuidaba ahí, él nos cobraba como $.50 centavos por dejarnos entrar a bañar” comentó Juan Navarro.
“Del lado izquierdo de la carretera estaba el ojo de agua en el que únicamente las mujeres y niños muy pequeños entraban, y del lado derecho estaba el lado de los hombres, no había permiso de que las mujeres entraran al espacio de los hombres, o viceversa” finalizó.
“De ahí salía agua calientita y desde muy temprano las mujeres se juntaban para lavar, ya después se bañaban” comentó la señora Ana, quien conoció el lugar en compañía de su abuelo.
Según indicaron otros vecinos, en ese tiempo llegaron a vivir más personas a los alrededores, quienes comenzaron a escarbar para hacer pozos, y después de 1987 las famosas Covachas comenzaron a secarse y ser un punto de acumulación de basura.
A la fecha, el agua que emana del lugar es muy poca, y con la presencia de las constantes lluvias la hierba se ha apoderado de los pequeños nacientes, al punto de ser prácticamente imperceptibles.