¿Cuánto costaba un “perrito caliente” en 1985? Según recuerda una persona que vivía de vender perros calientes en el centro de nuestra ciudad en aquel entonces: $100 pesos, que equivaldría a 10 centavos después de quitarle tres ceros. Platicando con él, recuerda que en aquellos tiempos, cualquiera podía darse el lujo de salir a comerse un perro caliente y un refresco; y que ahora, con los salarios que se pagan, difícilmente sobra para un lujo como éste. Mientras hacía cuentas decía que, en una buena semana, después del gasto en transporte y alimentación, es poco lo que queda como para pensar en lujos.
Haciendo él la cuenta, señalaba que un empleado que genera aproximadamente 1,600 pesos por semana, gasta en promedio: 450 pesos a la semana en transporte público y 1,000 pesos en alimentación. Con esto quedan 150 pesos que se distribuyen en otras necesidades, por lo que pensar en salir con la familia a comprar una cena fuera de casa, queda simplemente fuera del gasto familiar. Esto es sin contar algunas otras necesidades básicas, como calzado, vestido, útiles escolares o algún gasto médico no cubierto por los servicios de seguridad social. Esto es para alguien que percibe mucho más que un salario mínimo diario.
En 1985, según recuerda el vendedor de perros calientes, en una sola tarde terminaba con su cometido de vender 500 salchichas y tres cajas de refrescos. Recuerda que cualquier familia se daba el lujo de salir a pasear al centro de León y mitigar el hambre comprando al menos un perro caliente y un refresco para cada miembro de la familia. ¿Qué ha sucedido entonces? ¿Por qué ahora la gente no puede acceder a lo que antes sí podía? La respuesta es sencilla. El salario de los trabajadores mexicanos simplemente no ha podido mantener el ritmo de crecimiento, en línea con la inflación. Esto ha generado una pérdida de poder adquisitivo en términos reales.
Vamos a hacer algunos números. En 1985, si un perro caliente tenía un precio de 10 centavos, añadiendo la inflación hasta 2018, el día de hoy tendríamos que pagar por esa misma salchicha, poco más de 21 pesos. En aquel año, para Guanajuato el salario mínimo era de 97 centavos; y hoy, después de los incrementos oficiales, es de 102.69 pesos. Es decir, en 1985 un trabajador que percibía un salario mínimo al día, podría haber comprado casi 10 perros calientes. Hoy, en cambio, si un trabajador percibiera un salario mínimo diario, solamente podría comprar, destinando todo su salario, poco menos de 5 salchichas. En poco más de tres décadas, el poder adquisitivo de un trabajador mexicano ha disminuido en más de un 50 por ciento.
Este ejemplo ha sido hecho con algo tan superfluo como un hot dog. No obstante, este mismo ejercicio puede replicarse con cualquier bien o servicio de uso cotidiano en una familia, y seguramente el resultado va a ser el mismo. Las cifras son preocupantes y entristecedoras; y difícilmente podría ajustarse el salario mínimo de un plumazo legislativo, sin antes incrementar la productividad y la competitividad de las empresas generadoras de empleo. La solución no es ningún secreto. Debe apostarse por apoyar al crecimiento de los distintos sectores productivos y fomentar la inversión privada. El papel del Estado está en controlar el incremento del nivel de precios. El papel del sector privado, en crear más y mejores fuentes de empleo. Definitivamente las cosas no son como eran antes.
