En alguna ocasión hablamos del «cliffhanger» —ese recurso narrativo del cine que consiste en cerrar dejando las cosas en suspenso— y propusimos evitar esa postura que consiste en interpretar el «cliffhanger» como una cesión de la narrativa al espectador; una especie de «termínalo tú». En cambio, propusimos —junto con cierto director de cine—, que este recurso más bien reafirma mensajes implícitos en la película.
¿Qué querrá decir, entonces, el «cliffhanger» de la película «Langosta» del director griego Yorgos Lanthimos? Para los que no la hayan visto —la pueden encontrar en el catálogo de Netflix—, ubicaremos la situación distópica en la que esta película nos sitúa: una sociedad en la que los únicos aceptados en la ciudad son aquellos que viven en pareja. Para los que no tienen pareja, existe un Hotel donde están obligados a encontrar una pareja y donde se les educa para ello. Al término de cuarenta y cinco días, si no encuentran una pareja, son convertidos en el animal de su elección.
Existe, también, otra opción. Aquellos que huyen del Hotel se pueden unir a un grupo de forajidos conocidos como los Solitarios. Este grupo, a la inversa del Hotel, prohíbe —con severos castigos— el romance. Tenemos, entonces, unos límites muy estrechos que, fuera de este planteamiento distópico, empiezan a hacer sentido en nuestra vida real. Por un lado, la única opción aceptada —que representa un ideal social—: la vida en pareja. Y, por otro lado: la soltería, un estado que, dependiendo la postura, fuerza a buscar desesperadamente compañía o a defender la soledad.
En este escenario, es que vemos transcurrir la historia de David —representado por Colin Farrell— quien, tras perder a su pareja, acude al Hotel en compañía de su hermano, que ha sido convertido en perro. Él mismo elige convertirse en langosta, si después de los 45 días, termina solo. Ahí aprende otra de las reglas que rigen la película: las parejas se enamoran porque tienen algo en común —a pesar de que esas cosas en común puedan fingirse. Así, en su primer intento, se acerca a una mujer insensible y él finge serlo también. Sin embargo, cuando ella asesina a su hermano para probarlo, se da cuenta de que él sigue siendo sensible.
David entonces huye al bosque con los Solitarios. Ahí, se enamora de una mujer miope —representada por Rachel Weisz— y, dado que él es miope también, encuentra el motivo perfecto para justificar su enamoramiento. Sin embargo, los Solitarios castigaban el romance, por lo que ambos debieron crear códigos para ocultar su relación. A pesar de ello, la líder los descubre y manda operar a la mujer —haciéndole creer que curará su miopía— y la deja ciega. Entiéndase: eliminó el factor común que unía a la pareja.
Y aquí se centra la interrogante de la película. ¿Existe el amor por fuera del reconocimiento narcisista en el otro? Si no hay nada en común —ese espejo que nos permite amarnos a través del otro—, ¿es posible amar? La película nos hace una propuesta. Inicialmente parece decantarse por la opción del sí: el amor es posible por fuera del narcisismo.
A pesar de que nada en común los une, David decide atacar a la líder de los Solitarios y escapar con la mujer. Sentados en un restaurante, él pide un cuchillo de cocina, y se va al baño donde lo vemos intentar —sólo intentar— cegarse. La escena se corta y nos quedamos, entonces, con la duda ¿se cegó o no? Lo cierto es que poco importa si se cegó o no. En este acto, la película nos muestra que su propuesta no es tan optimista como creíamos, el amor sigue estando limitado.
En este acto, no vemos a un David decidido a amar a la mujer —ahora— ciega por lo que ella es, sino a un hombre que sigue creyendo que sólo la podrá amar si vuelve a emparejar ese rasgo en común. La duda no habla de amar o no amar, sino de su cobardía. Además, al centrar la cuestión en si se cegó o no, dejamos de lado un detalle: la pareja no huye a la libertad, huye al sitio que constriñe y delimita el ideal: la ciudad. Lo que podría conducirnos a un mensaje mucho más esperanzador: mientras más nos acercamos de los ideales —mandatos— sociales, más nos alejamos del amor.
Teléfono para atención: 4771310142
Agradeceré sus comentarios en: psi.danielcortez@gmail.com
Archivo de los artículos en: http://elblogdepsicoanalisarte.blogspot.mx
