Desde que nació hace 9 años, Eduardo Valdivia cantaba, jugaba a ser policía, veía caricaturas, era aplicado en la escuela y sobre todo era un niño obediente con sus padres.

En sus pláticas con amigos y primos les decía vamos a jugar a los policías y ladrones, siempre con la voluntad de ayudar a los demás, escogía ser policía.

Cuando lo golpeaban por accidente durante esas tardes soleadas en la Calle Cuerno de Oro, nunca lloraba o se desquitaba, siempre trataba de no enojarse y hacía las paces con sus compañeros.

Para la familia Valdivia la mañana del 05 de abril fue fatídica, siete menores se quemaron dentro de una casa localizada en colonia Mirasoles, el motivo del percance un corto circuito.

Ese mismo día tres de ellos fueron trasladados de urgencia vía aérea al municipio de Salamanca, Guanajuato.

“Lalito”, como sus primos y seres queridos le decían aspiro humo dentro de la casa en llamas por más de 3 minutos, eso le provoco que su situación médica se complicara al grado de tenerlo que llevar junto a su hermano Ángel de 4 años a la Ciudad de México.

La cantidad de humo ingreso a pulmones y sistema sanguíneo del pequeño Eduardo, eso le impidió que tuviera una adecuada respiración, por lo que fue necesario suministrarle oxígeno.

Durante 15 largos días Eduardo se aferró a vivir, sus padres desde que se incendió la casa marcada con el número 224, estuvieron acompañándolo.

TRISTE NOTICIAS

Lamentablemente sus familiares fueron informados que la tarde del 20 de abril había muerto, la noticia envolvió de tristeza a los Valdivia “Lo vamos a extrañar, era un niño muy alegre y bien educado”, dijo bañada en lágrimas Cecilia Jazmín Hernández, una de sus familiares y quien el día del incendio vio recostado a Eduardo en la cama.

También te puede interesar:  SUSPENDEN ‘LA JUDEA’

“Antes que se quemara todo, me fui y lo vi acostadito, cuando regrese me dijeron que se quemó la casa pensé lo peor y se me vino a la memoria como estaba en esa cama”, detalló su familiar, la cual junto al resto de familiares esperan recibir el cuerpo de Eduardo para darle cristiana sepultura.

La tranquilidad con que Eduardo vivía su vida sorprendía a propios y extraños, al grado que en varias ocasiones su familia llego a pensar si se trataba de alguna enfermedad o algo anormal.

Pero eso no ocurrió, ya que Eduardo solamente era un ser humano demasiado amoroso, que pensaba en los demás y sonreía.

El correr de niños, gritos y alaridos en una semana de vacaciones y celebraciones de Pascua se cambió por silencio, donde la Familia Valdivia Becerra se imagina en el cielo a ese Ángel de 9 años, el cual soñaba con ayudar a los demás.

ESCRIBE UN COMENTARIO