
Los discursos del nuevo régimen político, en concreto, del partido político MORENA, no cesan su orientación violenta y llena de odio, contra todos aquellos que no piensan igual que ellos o, simplemente, cuando no coincides con sus principios o políticas públicas. Tales discursos no agotan por entero la idea, que la llegada de la 4T, ha vendido a generar un verdadero cambio político y de estilo de vida.
En otras palabras, la idea que nos ha sido transmitida desde el propio poder de la 4T y de su partido MORENA, está cuestionándose cada día más y más. Sin embargo, esto es así como, en los momentos de mayor crisis de violencia política en México, no es raro escuchar cada día más, que la supuesta Cuarta Transformación, sólo ha traído más división social y violencia política al país.
La violencia se manifiesta en nuestro país, de diversas maneras. La más común y permanentemente vista por todas y todos, es aquella que se ha generalizado y sobre todo normalizado, con las masacres que se viven a diario en todo el territorio nacional. Descuartizados, decapitados, embolsados y colgados de puentes peatonales, es el pan nuestro de cada día en México.
Todos los días, diversos noticieros matutinos y nocturnos, abren y cierran sus informativos con el número de muertos del día anterior o bien, del día por concluir, para comunicar a la audiencia la violencia que forma de sus comunidades, de una sociedad indiferente ante el horror humano. Es imprescindible ser conscientes acerca del hecho de que la violencia física -dentro de esta categoría hay también modalidades- se emplea una vieja táctica, muy efectiva, por cierto, y es que el discurso violento va preparando el terreno para que quien es víctima de esa violencia se vaya sintiendo asediado, sin esperanza de evitar los efectos de la agresión.
El agresor busca que el otro se sienta indefenso, lo coloca en un terreno de minusvalía. La violencia discursiva en el ámbito político presenta varias caras. Una de ellas, la tenemos cuando los distintos sectores de la sociedad pierden el rol que les corresponde, los medios de comunicación, la administración de justicia, la academia y el gobierno.
Todos estos espacios representan un poder de promoción y desarrollo, los cuales se difuminan cuando se instrumentalizan para el usufructo de interese grupales o particulares. La violencia en el discurso político puede aparecer explícita, como también disfrazada, un discurso violento estructurado con un lenguaje ambiguo puede resultar más nocivo, que cuando un discurso puede aparecer explicita, como también disfrazada.
Toda esta violencia política en el discurso es lo que venimos escuchando desde Palacio Nacional con AMLO y ahora con Claudia Sheinbaum, durante siete largos años. Por supuesto, que también, los otros políticos que conforman la 4T, han hecho suyo el lenguaje agresivo y desafiante con enormes cuotas de violencia contra la ciudadanía y desde luego, con la impresentable oposición inexistente en el país.
En la actual política mexicana se reproduce la violencia a través del discurso político, reforzando la necesidad de implementar normas penales y generar opinión pública en torno a ellas, lo que puede dar cuenta de cómo el Estado y el partido en el poder buscan reafirmar lo que debe entenderse por orden social, fortaleciendo la necesidad de introducir normas que definan al “enemigo” en determinados contextos.