Las universidades, constituyen una de las partes más importantes del patrimonio social. En el curso de la historia del país, se han convertido en la vanguardia del pensamiento de la sociedad y ésta ha correspondido con apoyos solamente limitados por la cuantía de los recursos públicos.
La universidad pública, por conducto del Dr. Carlos Hidalgo Valadez, concluyó un ciclo, del que informó el Rector del campus León, en el que se pusieron de manifiesto los avances en materia infraestructura, alguna de ella, vanguardista, por los alcances que tendrá en el desarrollo y formación de los alumnos que ahí cursan sus estudios.
Las universidades se han echado a cuestas: la docencia, la investigación y la extensión, que constituyen la columna vertebral de sus quehaceres. Empero, en el momento que vive la sociedad guanajuatense, se impone redoblar esfuerzos, para que los productos humanos formados en las casas de estudios, sean óptimos, especialmente en el cultivo y salvaguarda de los valores fundamentales para la convivencia humana.
Es una sociedad empeñada en dejar atrás el autoritarismo, es importante alertar a esas instituciones sobre la necesidad de impulsar científicamente, el surgimiento de pedagogos, que permitan el tránsito de lo que Freyre llama la educación bancaria a la dialógica.
La erudición puede ser considerada un capítulo terminal, cuando la sociedad tiene bases sólidas para avanzar en el desarrollo humano integral. Pero cuando la crisis en el cultivo y vigencia de valores fundamentales para la convivencia pacífica, muestran cuarteaduras, es tiempo de hacer hincapié en la necesidad de crear condiciones, para el surgimiento de un humanismo que trascienda la cátedra y el discurso culto e instalarse como forma de vida en las estancias universitarias.
La cultura debe transformar, por acción propia a la comunidad universitaria y convertirla en vanguardia, para que la sociedad evolucione y coloque en el centro de su interés, el concepto de la dignidad humana, a quien habrá de rendírsele tributo, mediante una forma de vida orientada hacia la exaltación de su potencial racionalidad, para preferir lo justo a la injusto; la paz a la violencia; la tolerancia a la discriminación y de manera especial a la humildad como forma de expresión de la bondad y del espíritu universitario.
Importante es destacar la conducta incluyente del Dr. Hidalgo y su preocupación permanente porque la comunidad viva en la paz creativa, que requiere el espíritu innovador, cuyo quehacer es penetrar en el conocimiento científico, pero de manera especial, vivir intensamente su preocupación por llevar con dignidad la categoría de universitario.
El Dr. Hidalgo ha escalado con perseverancia desde la posición modesta, a la dignidad elevada de ser Rector de la casa donde se formó; ser un destacado profesional y universitario solidario, con la clase social de la que emergió mediante continuado esfuerzo.



