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LA SALUD Y LA POLÍTICA.

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Hace poco en una reunión surgió la pregunta entre Salud y Política.

¡Una mezcla que, para los alquimistas de antaño, resultaría como los arcanos del Tarot!

Es algo que permanece oculto, un enigma. Una distribución de simbolismos, alegorías y arquetipos que actúan como un código distintivo entre estas dos entidades.

-Es una relación, no poco inocente.

Los factores sociales, culturales, económicos, ambientales y políticos en cualquier comunidad, población o país son los que determinan las condiciones de vida, la salud y bienestar de las personas. Un determinante social de la Salud influye en el tipo de enfermedad que puede padecer una entidad, sus principales causas de muerte, la calidad de los servicios de salud*

Aunado a lo anterior debemos tomar en cuenta la carga genética y los recursos naturales, la ontogenia, es decir el desarrollo del individuo y su filogenia evolutiva en su grupo biológico.

Podemos inferir que la salud, aunada a la deontología médica y el código de ética, esté, aparentemente, garantizada por lo que los prestadores de servicios médicos puedan y hagan en la comunidad.

A pesar de todos los derechos y principios que como humanos tenemos, la salud no es un derecho, aunque los poderes públicos tienen la responsabilidad en su promoción, prevención y atención.

De ahí se desprende que tanto política como medicina no tienen una relación íntegra, inocente, o del todo ética, ciertamente entre la morbi-mortalidad de las poblaciones y la toma de decisiones de los políticos**

Y todo se reduce a los puntos de vista de cada individuo y actor en esas dos áreas.

Sus necesidades, la orientación social comunitaria, partidista, su vocación y estilo personal de interpretar su bagaje cultural y, sobre todo, como se ha dicho en psicología analítica la interpretación que el “Yo”- (“self”)- haga con todo esto.

Es poco probable que se mantenga un estado de equilibrio justo y perfecto.

Lo estamos viendo, en la evolución que este gobierno ha tenido en sus dos años de existencia.  La relación de los políticos ante la pandemia ha dejado ver que sus perspectivas no se encuentran a favor del bienestar de la población. La tendencia actual es hacia determinados fines. Sus objetivos están promoviendo la inexistencia de la propiedad privada, aunado a un control de la producción por las manos del estado.

Poco probable que como seres humanos vayamos a cambiar.

Repetimos una y otra vez los errores. Parece que, existe un código o comando dentro del programa que borra automáticamente cualquier antecedente y experiencia pasada. Así que no podemos acceder rápidamente para evitar repetir la historia, como claramente estamos condenados a insistir aquí en México.

Nuestra memoria es demasiado cortoplacista. No cabe duda que todos tenemos la culpa. Somos una dualidad en cuanto a personalidad.

Cambiamos de un estado a otro en una forma tan fácil que sorprende.  El médico político y el político tienen sus visiones matizadas por su campo en el que se desarrollan, perdiendo el contacto con las necesidades de la población para compaginarlas con las de su partido o punto de vista.

En pocas palabras, un político (de cualquier rama) es el tipo de persona que tiene soluciones cuando está en la oposición y problemas cuando está en el gobierno.

Pierde cualquier contacto con la realidad

Por lo pronto, como corolario, salud y política, son como agua y aceite, bipolares.

 Pueden coexistir formando micelas, es decir la parte que puede estar en contacto con el agua presenta una cara hidrófila (es decir amiga del agua, amiga de la población). Mientras que en la parte interna es lipófila (es decir amiga de la grasa, amiga de los políticos).

Al final es imposible integrar. Solo si la agitamos forma una especie de emulsión, para luego separarse nuevamente.

Los responsables de la política y de la salud se han preguntado, que es lo mejor, no para los demás:  más bien para su yo, “self”, ego y sombra.

No cabe duda, somos seres arraigados en esta experiencia humana, que debemos vivir día a día todas las consecuencias de nuestros actos, repetirlos. Sin poder divisar, por ahora, otras nuevas y mejores alternativas, ubicadas en otras dimensiones que parecen fuera de nuestro alcance e imaginación.

¡Hasta la próxima!

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