jueves, agosto 27, 2026
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LA REEDUCACIÓN Y EL LIDERAZGO DEL ESTADO.

El Estado debe reasumir la rectoría de la nación, pero lograrlo implica la toma de conciencia de la necesidad de actuar en coordinación orgánica: población y gobierno. Éste debe emanar de un liderazgo sólido, unipersonal cuando sea necesario y compartido, para cumplir los elevados fines de la nación. Durante décadas se han realizado esfuerzos para lograr que sean las leyes y no la voluntad personal o de grupo, las que determinen a quién asiste el derecho y cuál es la esencia de éste.

Los órganos del Estado surgieron ante la imposibilidad de la consulta universal para tomar cualquier decisión. En esas condiciones, el gobierno debe ser capaz de cumplir y hacer cumplir la ley, apoyado en el espíritu que las generó, es decir, en los valores que las normas protegen para lograr la sana convivencia que garantice la paz.

Las condiciones derivadas de la última elección federal, crean escenarios para que la reeducación se dé de la cúpula a la base, como pretende el discurso del presidente electo, pero enfocarlo especialmente a la reeducación de las élites y no solamente en el combate a la corrupción, que es consecuencia de la enajenación que vive la sociedad.

La élites deberán estar dispuestas a la creación y transformación de la conciencia social, para que trabajen en la formación de especialistas, capaces de hacernos reflexionar como sociedad, sobre la necesidad de encontrar el camino que nos permita llegar a la vida consciente, a través de la reeducación continua, en la práctica de valores, desde el poder público.

Las quejas sobre la locura colectiva son cada vez más generalizadas y angustiosas, pero aunque se declara hacerle combate frontal, nos remitimos a las consecuencias y no a las causas. Una de las opiniones que se acercan al planteamiento lógico, es la de quienes lamentan la destrucción del tejido social. Es cierto, pero reconstruirlo requiere de especialistas a nivel masivo, que habrá necesidad de generar a marchas forzadas, para evitar una catástrofe mayor.

Los poderes ejecutivo y legislativo, serán renovados en breve. La etapa siguiente, será concientizar a quienes integran esos órganos del Estado, de la necesidad de actuar con cordura, evitando convertirse en generadores de violencia e impunidad, evadiendo acciones fuera del sentido común, para comenzar la transformación de condiciones para regenerar el tejido social.

Revolucionar el comportamiento social no será tarea fácil, si la sociedad actúa, como hasta ahora, en forma desorganizada y aún anárquica. Los poderes ejecutivo y legislativo, deberán recibir apoyo decidido de los partidos que los generaron, incorporándose entusiastamente a la tarea de reconstruir el tejido social.

La tarea educativa no debe circunscribirse a los niños, sino abarcar la participación consciente de las cúpulas económicas, políticas y sociales, que podrán ser motivadas desde el poder, para iniciar su propia reeducación.

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