Sin duda alguna, Jack el Destripador es el caso que más fascinación y morbo despierta en cuando a asesinos seriales se refiere. La forma como actuó a finales del siglo XIX, y el hecho de que hasta el día de hoy sea un crimen sin resolver, siempre será un tema vigente. Se ha manejado desde todos los medios existentes: cine, televisión, internet, videojuegos y cómics. Incluso existe un término para estudiarlo, conocido como “ripperology” (de “ripper”: destripador).

Sin embargo, se suele pasar por alto un elemento fundamental del caso: sus víctimas. Tan abordado ha sido el asesino británico, que el enfoque victimológico pasa a segundo plano. Se olvida que Mary Ann Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes  y Mary Jane Kelly fueron seres humanos que tuvieron que enfrentar la terrible precariedad de la Inglaterra Victoriana. En esta ocasión, hablaremos de la primera mujer que mató el responsable del primer caso mediático de nota roja en la historia.

En 2019, Hallie Rubenhold, historiadora especializada en contar el papel de la mujer en los siglos XVIII y XIX, publicó el libro Las cinco mujeres: Las vidas olvidadas de las víctimas de Jack el Destripador”, obteniendo elogios de la crítica al estudiar un aspecto semi olvidado y rompiendo un prejuicio, pues según la escritora, no todas las víctimas del decimonónico feminicida eran trabajadoras sexuales: “Jack el Destripador mataba prostitutas, o eso se ha creído siempre, pero no hay una base sólida para asegurar que tres de sus cinco víctimas ejercieran la prostitución. En absoluto. Como los cuerpos se encontraban en oscuros patios o callejones, la policía asumía que eran prostitutas y que las había matado un maniaco que las había llevado hasta aquel lugar”. Incluso la primera víctima ejercía el oficio de forma ocasional para sobrevivir. La noche en que fue asesinada solo estuvo en un mal momento y un mal lugar.

“POLLY”

El 26 de agosto de 1845, siendo hija de un humilde herrero, Mary Ann Walker apodada “Polly”, se casó con un hombre William Nichols a los 18 años, y con el paso del tiempo tuvieron cinco niños, pero se separaron cuando ella descubrió que le era infiel. William se quedó con la tutela de los vástagos.

Sin dinero ni estudios formales, fue a vivir a Whitechapel, quizá el distrito más infame del Londres de aquella época, sumido en la marginación, la delincuencia y la impunidad.

Polly tuvo que ejercer como trabajadora sexual, mudándose en diferentes casas de huéspedes del barrio.

El 30 de agosto de 1888 se detuvo en un bar llamado “The Frying Pan”. Emily Holland, con quien compartía el cuarto, fue la última que la vio con vida.

A las 3:40 de la madrugada del 31, un cochero conducía por la calle Buck’s Row, cuando encontró el cuerpo de Polly. Su funeral fue el 6 de septiembre de 1888.

Meses después, lo que parecía hecho aislado sería el aterrador caso de Jack el Destripador. Con el miedo palpable de toda la sociedad, y las cartas que el asesino enviaba con el remitente: “Desde el Infierno…”

A Polly le asignaron la tumba 210725. No fue sino hasta 1996 cuando se puso formalmente una placa con su nombre.

El lector interesado en conocer el contexto puede checar el sitio web: www.casebook.org y el libro de Rubenhold, pues la autora señala que se le ha dado mucho protagonismo a los hechos cruentos, y para ella, lo relevante no es como murieron las cinco mujeres, sino como vivieron.

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