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La otra cara de área COVID

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En los pasillos del área COVID, donde el miedo marcaba la distancia entre médicos y pacientes, César Antonio Suárez, camillero del IMSS en León, recorría a diario camillas entre urgencias y terapia intensiva.

Mientras el país seguía cifras y conferencias, él fue testigo de otra cara de la pandemia: la de los enfermos que pedían agua, el personal que evitaba acercarse y decisiones médicas que, desde su mirada, dejaron más dudas que certezas.

La pandemia de COVID-19 llegó a México el 28 de febrero de 2020, pero no fue sino hasta un mes después, el 30 de marzo, cuando se declaró la emergencia sanitaria. Escuelas, plazas y centros de trabajo comenzaron a vaciarse poco a poco, mientras la población se resguardaba en casa.

El sector salud, sin embargo, nunca se detuvo.  En ese momento, César trabajaba como camillero en el IMSS T1 en León, directamente en el área COVID. El tercer y cuarto piso fueron habilitados para atender a los pacientes contagiados.

Recordó que, desde la recepción en urgencias, los pacientes con síntomas eran separados del resto.  “Prácticamente era puro paciente COVID. Los que llegaban a urgencias se iban a estudios y después a tomografías; aparentemente con eso determinaban el daño”, relató. 

Durante toda la pandemia, pese a trabajar de cerca con pacientes, aseguró que nunca se enfermó. Al inicio utilizó el equipo completo de protección, uniforme quirúrgico, botas, guantes, lentes y cubrebocas para proteger a su familia; sin embargo, con el tiempo dejó de usarlo.

Mientras el discurso oficial señalaba hospitales saturados por pacientes contagiados, César describe un panorama distinto. Asegura que sí hubo pacientes, pero no en la magnitud que se difundía. “Vimos cómo los que murieron fueron los que fueron al hospital, no los que se quedaron en su casa. Muchos amigos perdieron a sus papás o hermanos, y todos se atendieron en hospital. Para mí fue muy fuerte, porque lo viví desde adentro”, señaló.

Parte de lo que ocurría, dice, quedó registrado en videos que él mismo grababa dentro del hospital.  “Les mandaba videos y les decía: ‘Mira, dicen que estamos colapsados y con cuerpos apilados’. Y veían que estábamos tranquilos, incluso nos pagaban más por el bono COVID”, contó.  Su testimonio también apunta a prácticas que, desde su perspectiva, resultaban poco humanas.

Asegura que algunos pacientes eran tratados con miedo y distancia por parte del personal.  “Iban gritando ‘paciente COVID’ por los pasillos para que todos se apartaran, como si fuera algo extremadamente peligroso. Incluso echaban cloro detrás. A mí eso se me hacía inhumano”, expresó. 

También relató episodios que, afirma, evidenciaban abandono en la atención. “Había pacientes a los que no querían acercarse. A veces avisaban a los médicos y no subían a verlos. A mí me tocó bajar a un paciente que supuestamente ya había fallecido, pero aún tenía signos vitales.

Llamaron al doctor, lo desconectó y dijo: ‘Ya bájalo’”, narró.  César sostiene que su experiencia fue distinta a la narrativa generalizada. Afirma haber sido testigo de negligencias y decisiones cuestionables, como la intubación frecuente de pacientes.  “Paciente que intubaban, paciente que se moría. Era algo que yo veía constantemente y no entendía bajo qué criterio lo hacían”, comentó. 

Durante ese periodo, el personal que atendía pacientes COVID recibía un bono económico de aproximadamente 700 pesos quincenales adicionales.  Además, cuestionó que muchos casos fueran catalogados como COVID, incluso cuando los pacientes presentaban otras condiciones.  “Llegó un joven acuchillado y lo trataron como COVID solo porque tenía fiebre. Todo era COVID: pacientes renales, con cáncer, cualquier fiebre”, señaló. 

El camillero también recordó momentos que, para él, reflejaban la falta de sentido humano en medio de la crisis. “Un paciente pedía agua y no se la querían dar. Yo veía incongruencias en muchas cosas, incluso en que nos pagaran más por un riesgo que otros trabajadores viven todos los días”, dijo.

Asegura que el miedo marcó gran parte de la actuación dentro del hospital.  “No se querían acercar a los pacientes. Los radiólogos se quedaban en la cabina y nos dejaban todo a nosotros. Yo les decía: ‘¿De qué te sirve el uniforme si no vas a ayudar?’”, relató. 

También cuestionó prácticas como el traslado de pacientes mientras se anunciaba en voz alta su condición, lo que, considera, fomentaba la estigmatización.  “Era como llevar a alguien marcado, eso generaba más miedo”, afirmó.  Desde su experiencia, considera que muchos pacientes que permanecieron en casa tuvieron mejores desenlaces que aquellos hospitalizados. 

Señaló que, tras finalizar la pandemia, el sistema de salud aún no recupera su dinámica previa.  “Antes veías hasta 150 pacientes en urgencias; ahora con seis dicen que está lleno. Creo que el personal se acostumbró a trabajar con menos carga durante el COVID”, concluyó.

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