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La obra «El Inspector» de deja un buen sabor de boca

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Una vez más la puesta en escena “El inspector”, resultado del taller teatral del Teatro del Bicentenario Roberto Plasencia Saldaña realizado el año pasado, dejó una grata sensación a quienes fueron testigos de la adaptación del clásico del autor ruso Nikolái Gógol.

En colaboración con Teatro El Milagro y bajo la dirección de David Olguín, “El Inspector”, una comedía satírica, resultó muy parecido a la realidad, ya que trata de cómo funciona el sistema en el país.

Desde el inicio de la función se percibió el buen trabajo escénico, la escenografía e iluminación juegan un papel muy importante en la representación sillas de madera y una pared de metal oxidado era la imagen inicial de lo que estaba por suceder, una caótica y confusa situación cuyo desenlace fue inesperado.

Preocupado por la visita inesperada de un inspector, el alcalde del lugar en el que se sitúa la historia, dio aviso a los encargados de los distintos departamentos, por lo que se crea unas histeria, ya que cubrir los malos manejos de las dependencias implica que otras cosas queden al descubierto, incluso salen a la luz algunos sobornos.

Los actores realizaron buenas interpretaciones, ya que a más de uno le tocó dar vida a varios personajes.

Las risas provocadas por las situaciones planteadas de “El Inspector” se hicieron presentes luego de frases curiosas y que dejan a la imaginación muchos ejemplos de la vida real.

El argumento de la obra, a pesar de ser extenso, para nada cansa al espectador, ya que la producción es lo bastante acertado.

La astucia de un charlatán y la confusión de los provincianos hicieron que el cierre de la obra fuera algo caótico cuando todos caen en la cuenta de que aquello podría saberse más allá del pequeño lugar, y es que toda la información llegaría a la prensa.

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