Esta semana que concluye en nuestro país ha dejado una serie de sucesos desastrosos que no quisiéramos que se repitieran; sin embargo, nadie puede garantizarnos estos buenos deseos. Empezando el pasado martes 7 con un temblor cuyo epicentro fue en Acapulco, Guerrero, y se sintió en la Ciudad de México con gran fuerza, según las autoridades que lo midieron la intensidad es de 7.1 y siguió durante la semana con replicas y en la Capital de la República los daños no fueron significativos y no hubo víctimas mortales afortunadamente, pero en la ciudad de Acapulco los daños si fueron graves con derrumbes, inundaciones, casas dañadas, calles con baches y también al día de hoy el Gobernador Astudillo mencionó que se han contabilizado 500 réplicas. Se vive un clima de zozobra y de temor entre los habitantes de Guerrero, pero hay la esperanza de que la ciudad vuelva a la normalidad.

Hay otros lugares con graves problemas, por ejemplo, en la ciudad de Tula, Hidalgo, el desborde de una presa y un río que atraviesa la ciudad provocaron inundaciones, dejando daños considerables y hasta el momento todavía no se termina el recuento de las víctimas mortales para tener una cifra final, pero lo más trágico es que el Hospital del Seguro Social, que irresponsablemente estaba construido a menos de 100 metros de la orilla del río, se inundó y había pacientes con COVID-19, los cuales estaban dependiendo del suministro de oxígeno de concentradores. Nos informó el Director Nacional Seguro Social, Zoé Robledo, que la planta eléctrica de emergencia entró en funciones pero rápidamente la misma agua acabó destruyéndola y al quedarse sin energía los concentradores de oxígeno dejaron de funcionar, como resultado 17 pacientes murieron por falta de oxígeno. También informó que alcanzaron a subir algunos enfermos al segundo piso, pero desgraciadamente no a todos y de ahí los resultados.

El desorden en la información, la irresponsabilidad y muchos más factores nos impiden conocer una versión adecuada, por lo pronto el responsable del Seguro Social se lava las manos indicando que nunca fueron avisados de que iba a haber una posible creciente del río para provocar una inundación, a lo cual el Gobernador del estado, Omar Fayad, declaró que se había avisado oportunamente a toda la población, incluso a las autoridades del Seguro Social.

Las autoridades municipales tampoco asumen ninguna responsabilidad, pero ahí están los muertos, los heridos y cientos de casas inundadas o destruidas, personas que han perdido todo su patrimonio y no saben dónde van a seguir viviendo porque perdieron todo. Se han implementado albergues y el Ejército inicio el programa DNIIIE, junto con elementos municipales y estatales están auxiliando la población donde hay cientos de casas inundadas en pérdida total. La ayuda Federal ha llegado a cuenta gotas y se espera que aumente, pues son muchos los daños, los heridos y los muertos.

Hay un caso importante, en Ecatepec también hubo una inundación en la ciudad, donde se afectaron muchas casas y según declaración del Gobernador Del Mazo, se habla de dos muertos y 10 desaparecidos, y por supuesto la misma triste historia con miles que han perdido todo su patrimonio.

Tenemos otra tragedia en Tlalnepantla, en la que el cerro del Chiquihuite se desgajó y enormes rocas de hasta dos toneladas cayeron en uno de los fraccionamientos irregulares destruyendo muchas casas. Hasta hoy continúan las labores de rescate, pero es muy grave la situación, pues se está buscando debajo de los escombros la gente que habitaba las casas que fueron destruidas.

Por último, hay un huracán conocido como Olaf con vientos de hasta 150 km/h en Baja California que ha afectado La Paz con los consecuentes daños y llevando destrucción a muchos hogares y pérdidas materiales hasta ahorita incalculables.

La naturaleza ha mostrado una furia incontenible.

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